El pasado lunes 13 de mayo, tras ocho años de espera, conocimos a la madre de los hijos de Ted Mosby. Bueno, decir conocimos es quizá demasiado generoso porque únicamente vimos una fugaz imagen de ella, sus botas de cowboy, su guitarra (aunque creo que es un bajo) y su proverbial paraguas amarillo.
Es obvio que hablamos de Como conocí a vuestra madre, la serie que desde sus inicios fue investida como la heredera de Friends, y que contaba conmigo como una de sus mayores fans. Una de las razones fundamentales es que en seguida me identifiqué con los personajes de CCAVM porque pertenecíamos a la misma generación; su ropa en la universidad que era la misma que yo había llegado, sus gustos musicales, las pelis que eran legen-wait for it- darias para ellos también lo eran para mí, y conseguían arrancarme carcajadas con las teorías sobre las mujeres de Barney, el código de los colegas y los desafíos en los que se embarcaban.
Pero conforme las temporadas avanzaban, las risas era menos y la trama era cada vez menos amable y más amarga; el pesisimismo de Ted por no encontrar novia, los problemas existenciales de Marshall sobre trabajo por dinero o por vocación o las frustraciones laborales de Robin y Lilly cada día ganaban más cuota de pantalla respecto a las gamberradas y los planes de ligue descabellados. Y no hablemos de las veces que han mareado la perdiz con los amores y desamores de Ted y Robin, lo cual tendría mucha gracia si fuesen a terminar juntos, pero sabiendo desde el capítulo 1 que no será así, acaba siendo como el cuento de Pedro y el lobo, pero sin que haya ovejas en peligro.
Creo que toda comedia necesita un punto de drama para compensarse, pero a partir de la 6ª temporada más o menos la balanza empezó a inclinarse alarmantemente del lado más angustioso.
Para mi Friends gana claramente la comparación, ya que, aún con momentos muy dramáticos y personajes a veces pasando muy malas rachas, el humor siempre primaba en la serie de la NBC. Y puedo decir esto porque, al contrario que mucha gente, soy bastante objetiva con Friends que no está ni siquiera en mi top 10 de series favoritas (quiza a causa de haberla visto mil veces en bucle) ya que, para mí, la mejor comedia de colegas es la británica Coupling.
Posiblemente lo que más me cabrea de todo es que lleven tres temporadas con el mismo cliffhanger; llevamos oyendo hablar de la boda de Robin y Barney desde la sexta temporada y año tras año, pensamos que ese es el bueno y que por fin veremos la boda, pero tramposamente nos tienen otra temporada más esperando; deo gratia que esta es la última temporada, sino seguro que nos volvían a estafar.
Como veis a pesar de mis quejas nunca he dejado de ver CCAVM, básicamente porque dura 22 minutos, que es más o menos lo que tardo en comer, y no era difícil de seguir, pero reconozco que la razón fundamental de continuar es un caso agudo de los que yo llamo la “ludopatía del seriéfilo“. Cualquier ludópata que ha gastado 30€ en una tragaperras prefiere gastar 10€ más y tratar de ganar el premio de 100 €, que reconocer que perdió 30€; así una servidora no dejó nunca la serie porque tras el tiempo invertido no me quiero quedar a las puertas de ganar mi premio que es ver por fin cómo el arquitecto conoció a la madre, y remarco el “cómo” porque veo que a este paso nos tienen esperando con argumentos repetidos hasta la última escena de la serie donde Ted mira a la madre por primera vez y la imagen va a fundido a negro con la palabra fin. Os prometo que quemo la CBS.
Reconozco que me hubiese gustado que se conocieran antes, y ver como se enamoran, como discuten y como evoluciona su relación, pero esto no va a ocurrir. Al menos me gustaria saber cómo es ella y ver un poquito su lado de la historia. Nos lo hemos ganado tanto nosotros, como esos pobres hijos que han quitado a Job la representación del concepto de paciencia. Porque aunque teóricamente siguen en 2030, los críos han crecido tanto que a la hija mayor la dió tiempo a convertirse en la amiga espía de Nikita.
Al menos, consolemosnos, ya le pusimos cara a la futura señora Mosby, la cual no es lo que se dice arrebatadora, pero que la chica no sea un pivón tiene una explicación; como Ted es tan romántico y perfectísimo (aunque para mí se ha convertido en una criatura patética y desesperada, lloriqueando continuamente, cual criatura Gollum anhelando su “tesoro”) no le importa cambiar a Robin por una chica del montón. Seguro que la chica no está mal, pero cuando creas un hype de casi una década de duración, cualquier cosa por debajo de una modelo de Victoria Secrets con un doctorado en Física cuántica se antoja decepcionante.
Reconozco que estoy bastante pesimista y negativa, llegando al punto de que mi colega de Series de Bolsillo y colchonerismo, Javi Riestra, cuyas reviews son mucho más favorables y permisivas, ha llegado a utilizar la palabra Troll para referirse a mis críticas a la serie; no niego la decepción, pero cuando una serie que te encanta pierde su alma de la forma en que lo hizo CCAVM un gatito muere, y yo me cabreo.
A pesar de todo seguiré al pie del cañón para ver como Ted Mosby por fin vuelve a sonreir, después de todo ¿qué es un año más tras haber invertido una cuarta parte de mi vida?
Nos vemos en tu serie o en la mía















