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Masters of sex 1×12: Análisis del final de la temporada 1

19 Dic

Masters of sex se ha destacado claramente como el mejor estreno del inicio de temporada 2013-2014; aunque esto no es ningún mérito. La mediocridad del resto de series ha hecho que la nueva apuesta de Showtime brillase sin tener ningún otro objeto a su altura que le hiciese sombra. Penica de año, señores.

Pero la serie no es perfecta, ni viene a salvar el detestable nivel de las series de este año, ni va a ser la continuadora de la edad dorada de las series. Es una serie buena, sin más.

Mi termómetro para medir las series es las ganas con las que afronto el siguiente episodio y su orden de prelación en mi visionado. Para el final de temporada Masters of sex , era la primera que veía cada lunes, por delante de la tramposa tercera entrega de Homeland, o la conformista temporada de Downton Abbey.

Considero que es una serie visualmente correcta, pero no novedosa, ni en su recreación de los 50, ni en su forma de plantear las escenas. Para quitarnos el elefante que está en la habitación lo diré sin tapujos. Masters of sex no es Mad Men, no llega a ese nivel ni visual ni conceptualmente. No está aquí para transgredir el mundo de las series, está aquí para contar una historia. Porque si buscaban transgresión, no la han logrado. Ni de lejos.

Lo que si me interesa es la parte dramática, en especial su guión y las estupendas interpretaciones del elenco. En eso si destaca Masters como una serie a tener en cuenta. Me interesa lo que cuenta, me atrapó desde el minuto 1 y me retuvo toda la temporada, terminando el último episodio  sin dejar que me bajase del carro. Y lograr eso no es tarea de pusilánimes.

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CONTESTANDO AL “MASTER”

No todos están conmigo en que esta es una buena historia; para el maestro Nahum, Masters no es más que un culebrón vitaminado, pero para mí eso es Revenge, no esto.

Normalmente no leo a otros blogueros antes de escribir porque prefiero hacerlo libre de los prejuicios que me creen las opiniones de otros, pero la controversia que ha generado el artículo de Don Alberto me animó a jugármela. Y aquí va mi réplica/defensa de la serie.

Considero que las intrigas amorosas que se plantean no son el texo, sino el pretexto que genera situaciones dramáticas bien aprovechadas. Es posible que en ocasiones fuercen la máquina más de lo normal, pero creo que en apenas ningún caso tienen impacto directo en la trama principal, además y a riesgo de sonar cínica, en algunas ocasiones que haya amor ayuda a que pueda haber sexo.

Al contrario que en Homeland, donde son los impulsores de la trama, la mayoría de deus ex maquina (casualidades forzadas) utilizados en Masters of sex  solo sirven para recortar  los flecos sueltos de la historia; Vivian Scully no es más que el reflejo de lo que no es Virgina, y la forma de que echen a Ethan del hospital. El encontronazo de la señora Scully con su marido en el hotel no es lo que le hizo ser gay, es lo que empieza a abrirla los ojos.  Aunque más aún se los abre su nuevo amante tras verse en el cine. Mientras estos atajos de guión no impacten en la historia central no me resultan tan sangrantes para el resultado final.

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LA MORAL DE LOS 50 VS LA MORAL ACTUAL

Volviendo a mi crítica, me gusta cómo se desdobla la trama en tres parejas, la joven, la de mediana edad y la madura durante parte de la temporada, en la que vemos muy variados estilos de disfuncionalidad, no solo sexual sino especialmente afectiva. Creo que la moraleja de la historia viene a ser que por muchos datos que recopile el doctor Bill, hay un elemento no medible que es la atracción directa, sea sexual o sentimental entre los sujetos.

Pero la parte que realmente me interesa de Masters of sex es su amplio display de la moral en los 50. Los tabúes, los niveles de censura sobre qué se consideraba indecente, la homosexualidad escondida, la falta de comunicación de las parejas en el dormitorio, las camas separadas, las mujeres de mediana edad que no conocían el orgasmo. Esto es la parte que me interesa de Masters. Una visión obviamente exacerbada en su dramatismo (esto es Showtime, no el canal Historia) seguramente más generosa de lo necesario con la exhibición de “carne”, y mediatizada por haber sido guionizada por alguien que no vivió la época y al que le cuesta comprender estas ideas, lo cual conlleva una cierta censura, pero que en ningún punto veo excesiva.

Se quejaba Nahum de que nos cuentan los 50 desde nuestra óptica moderna donde nos escandaliza su falta de tolerancia. Yo creo que si bien es cierto que serie prejuzga más que Mad Men, esto estaba en su pacto de lectura, que vendría a ser algo como “Os voy a contar como en los 50, unos tipos adelantados a su tiempo intentaron  ser demasiado modernos con su exploración de la ciencia y nadie les apoyaba.”

Sinceramente creo que Bill y Virginia eran en gran medida gente con una mentalidad avanzada de a su tiempo (más ella que él, con sus ataques de homofobía y su preferencia por el misionero) y si son los protagonistas es lógico que nos impongan su óptica respecto al resto de su universo.

Imaginemos como tuvo que ser para Galileo, o para Colón contar a su círculo más íntimo sus ideas. Pues a menor escala es lo que sucede en esta ficción.

Quiero pensar que nuestros protagonistas tenían mentes del Siglo XXI, y quiero pensar que por ahí hay  gente con mentes del Siglo XXII que serán los que hagan esto avanzar. En caso contrario aún estaríamos por inventar la rueda. Pero me voy del tema. Reagrupemos.

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LOS DESLUMBRANTES

Hablemos de los protagonistas de la historia. Respecto a ellos sí coincido con Nahum. A mi me gusta mucho más él que ella. Bueno ella me gusta mucho como persona pero poco como personaje. Me explico.

Cuando comenzó la serie me obsesionaba ver que había tras la cortina de inmaculada perfección con pajarita que era Bill Masters. Mi pensamiento durante el piloto era “ si logran sacar la oscuridad que oculta este tipo, lo bordan”. Y lo hicieron. El hombre que carga a su esposa con la culpa de la infertilidad, que cierra la válvula de su agresividad y frustración vital para parecer un ser humano, que se idolatra sobre todas las cosas. Ese Bill Masters es el tipo al que quería conocer. No necesito que me caiga bien, solo necesito su complejidad para que la serie funcione. Su minimalista y bien traída complejidad. Felicidades Michael Sheen, ya te has sacudido Crepúsculo de tus hombros.

El reverso menos amable es Virginia. La ideal y extremadamente adelantada a su tiempo Ginny, que lo hace todo bien, que no se ata, que no se deja llevar, pero que en ningún momento parece fría ni cerebral. Tiene don de gentes y una gran capacidad para la ciencia, y les vuelve a todos locos, hasta al tío que le deja la leche en la puerta. Quizá sea un ataque de odio femenino, ese instinto que se ha cargado nuestro papel en la historia moderna, pero me cuesta empatizar con Virginia.

Y que conste que me encanta Lizzy Caplan, pero es que su personaje es demasiado “too much” para mí. Y no me gusta como utiliza al “chavalín” cuando todos sabemos imaginamos que terminará con Masters.

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Lo que si me interesó fue la evolución de su arco conjunto, el “cómo” se fue hilando la relación de ambos a lo largo de toda la temporada.Por ello mi único “pero” fue la escena final; todos sabíamos que Masters estaba loco por ella, hasta tenía visiones con Virginia dándoles sermones, más claro no podía quedar. Por eso esperaba algo más radical que la escena, bastante moña, del doctor declarándose bajo la lluvia. Solo le faltaba haberse mojado el pelo un poco más para ser un Hugh Grant de clase B en Cuatro bodas y un funeral.

Me encantan las pelis románticas pero esto no es la CW por dios, y para mí ha fastidiado el tono del final de temporada. Demasiado pastel, demasiado Katherine Heighl. Demasiado Shonda para mí. Llamadme amargada, lo acepto con orgullo.

LOS DESLUMBRADOS

Por sacudirme el subidón de glucosa de la escena anterior hablemos de los condenados. Ellos son la cruz de la brillante vida de los protas. Son aquellos  que les quieren y apoyan y solo se llevan las migajas. Ellos son los que se quedarán en la cuneta cuando sus brillantes parejas decidan no tolerar más sus mediocres existencias

La pobre Señora Masters, devota aspirante a Florence Henderson, vive pensando que no es suficientemente buena para su maridito. Sé que es una pringada pero me da pena, porque ella juega con las cartas correctas para su tiempo mientras que Virginia es la mujer futurista que deslumbra más que nada porque juega en otra liga. Y más pena aún me da Ethan, el otro deslumbrado que para su horror vive a la sombra del mismo hombre tanto en lo profesional como en lo personal.

Me gusta que se vea el mismo estilo de relación tanto en hombre como en mujer y sus distintas reacciones, como estudio de la conducta humana, revela que la mujer arrastrada pelea más que el hombre. Vi algún destello de rebeldía en Libby que me dio esperanzas de que sea ella la que mande a freír mona a su marido y se redima, a ella y al resto de mujeres floreros de la época.

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LOS SECUNDARIOS

Obviando a Vivian Scully y su trama-pérdida de tiempo, los secundarios son gloriosos en esta serie. Desde los hijos de Virginia (el niño es genial) hasta su ex marido, pasando por Jane la secretaria de Masters, o los doctores Langham y De Paul, todos dan el do de pecho, si bien hay una trama y dos personajes que se alzan por encima del resto.

Me refiero, of course, a  Mr and Mrs Scully. La historia de un gay encerrado en el armario en plenos años 50 es sugerente por si misma, pero si encima está tan bien traída y con unas interpretaciones tan soberbias como las que aportan Beau Bridges y mi adorada Allison Janney, la convierte en material de premio. Su subtrama es quizás la más desgarradora e íntima de toda la serie. Ellos demuestran que se puede lograr ruborizar más y ser más transgresor con la ropa puesta, y que la intimidad no se mide en la cantidad de carne que se exponga, sino en la desnudez y autenticidad de la relación entre dos sujetos.

Él superviviente nato, roto por dentro, hipócrita, ella descorazonante, tierna, llena de sensibilidad y ganas de vivir, cuando le dejan. Ambos unidos nos dejan una maravillosa historia de fondo muy humana y por ello muy cruel. Ojala la trama de Vivian e Ethan hubiese alcanzado el mismo nivel, pero no podemos pedirlo todo.

Para terminar solo diré que a nivel personal la serie me ha gustado mucho, pero siempre me ha rondado la idea de que no llegaba a ser genial, que le faltaba algo. Para mi una mayor audacia visual y más uniformidad en las historias de fondo ayudarían bastante, pero sobre todo para meterme del todo en la historia me ayudaría que Virginia se soltase la melena. Y con ello no me refiero a llevarse a alguien al catre, en eso ya sabemos que ella es la master.

Nos vemos en tu serie o en la mía.

P.D. Mi admiración hacia Allison Janney ha crecido aún más si cabe, que papelón, que soberbia interpretación. La serie subió enteros desde su aparición.

p.d.2 en España la serie se emite por Canal+

 

Homeland 3×12: Analisis del final de la temporada 3

16 Dic

Tan solo unos instantes después de ver la Season finale de Homeland una palabra resuena en mi cabeza como leiv motiv de esta tercera andadura: desorientación.

Para hablar de este último capítulo debemos primero echar la vista atrás, al principio de temporada, y a lo que entonces esperábamos de la serie.

LAS EXPECTATIVAS DE LA TERCERA TEMPORADA

En octubre de 2013, por segundo año consecutivo, fui la encargada de presentar en el Festival de series la nueva temporada de Homeland. Por entonces solo había visto tres episodios y en mi cabeza creía tener claro por donde iría la temporada; para mí la idea de los creadores se antojaba nítida: iban a hablar del castigo y de la culpa, no solo de los supervivientes, sino también de las familias de los verdugos.

Tras la temporada de las teorías y las conjuraciones sobrevino la de la acción y la puesta en práctica; era de justicia que la tercera gravitase en torno a las consecuencias de todo lo sucedido en las dos anteriores. Y al estilo de Buruaga así pensaba que eran las cosas y así se las conté al numeroso público que acudió al estreno en pantalla grande de la serie. No podía estar más equivocada.

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Si viene el mayordomo de Tenn y me pasa el algodón no va a salir ni rastro de roña.

LA SERIE A LA DERIVA: CAUSAS

Desde el cuarto episodio de la temporada en que la trama dio su primer gran vuelco, la serie no dejo de girar y girar hasta el punto de no permitirnos distinguir qué estaba arriba y qué abajo. Algunos podrían decir que esto fue una montaña rusa, pero más bien fue una centrifugadora, que nos volteó de forma tan violenta que más que una cuarta temporada lo que muchos queríamos era una Biodramina.

Homeland siempre se distinguió por ser “la serie en que nada es lo que parece”. Sin duda era atrayente ver una serie donde el espectador tenía que echar el resto para tomar partido por cual era su verdad en tan ingente pozo de mentiras. Pero hasta ahora la serie nos daba dos puntos de anclaje para adoptar nuestra postura: la visión inaldulterada de Carrie y la creencia de que Saúl siempre actuaba bajo un prisma de moralidad global, el del bien común.

El episodio cuatro rompió el pacto de lectura, al menos conmigo. Si ni siquiera podía recibir información real de Carrie, era imposible formar juicios de valor respecto a lo que sucedía, y si Saul empezaba a funcionar en base a su propio ego, también se perdía el asidero moral de la serie. En resumen el barco había perdido su ancla y se había quedado a la deriva en las procelosas aguas de la mediocridad televisiva.

Te miro la espalda a ver si tienes la marca de todos los puñales que te he clavado

Te miro la espalda a ver si tienes la marca de todos los puñales que te he clavado

La roca en la que se había cimentado la confianza del espectador y su empatía dejo de ser punto de apoyo y se convirtió en lastre, unido a otros tres problemas que pusieron los clavos restantes el ataúd.

–    Tramas de relleno, intentando mantener (inexplicablemente) en la historia a la familia Brody, con la inerte Jessica Brody, la exasperante Dana, y sí, el una vez más ignorado Brody Jr.

– Personajes que prometían mucho pero cuyo peso dramático terminó diluyéndose en mediocres apariciones (Fara, Peter Quinn, Dar Adal) solo el personaje de Javadi ha dado todo lo que se esperaba de él. El resto pueden llevarse una bala sin que pestañee.

– La ausencia de Brody. No suele ser fácil sacar adelante una serie sin su protagonista, pero ésta era una oportunidad de oro para crear personajes fuertes y tramas atrayentes que hiciesen olvidar la trama inicial de la serie y darle una posible continuidad. Pero quedó claro que sin la química de la pareja protagonista y la fuerte presencia escénica de Damien Lewis la serie estaba herida de muerte.

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No me entendáis mal, me encantan los giros de guión inesperados, pero cuando están bien traídos y existen claves que te permiten echar la vista atrás y comprender cómo te engañaron. Y este no es el caso. Aquí no saltó el tiburón, aquí el tiburón se lo comió Carrie, mezclado con el Litio para su trastorno bipolar y las vitaminas prenatales.

No quiero tampoco parecer radical, hubo buenos momentos, pero si somos sinceros solo salvo el episodio cinco, que me pareció magistral, y los tres últimos de la temporada, lo cual hace que solo un tercio de lo emitido alcance el nivel de brillantez y tensión dramática de las anteriores temporadas. Lo cual no es suficiente para sostener el nivel que la serie mantuvo en sus dos temporadas anteriores. Ni con la cuerda roja que se ahorcó Brody.

EL EPISODIO FINAL

El inicio del capítulo tenía todos los componentes de la más asfixiante tensión, pero sinceramente me dio bastante igual. Ahí comprobé lo deteriorada que estaba mi empatía con los protagonistas. Los arquetipos estaban rotos, ya no sabía por lo que luchaba Brody, y aunque sabía por lo que luchaba Carrie no tenía sentido su permisividad ante una misión suicida del hombre al que amaba.

Por supuesto el episodio se carga de todos los habituales Deus ex machina de la serie. Acontecimientos forzados a tope de los que lleva abusando desde su inicio, aquí unos ejemplillos:

-Encerrar al futuro director de la CIA en una oficina para que no se chive al presidente.

-El hecho de que Dana limpie justo el motel adecuado.

-Conseguir in extremis un chivatazo que permita a Saul ser jefe de espionaje durante los 15 días que necesita.

-La droga mágica que hacer pasar a Brody de yonkie a Capitán America en dos semanas (justo el tiempo necesario)

-El final del mandato de Mister Berenson coincide con el día en que tienen que sacar a Brody de Iran.

Las casualidades son odiosas, pero en esta serie son demasiadas para pasarlas por alto.

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Ahora entiende lo que sienten los Rocieros antes de saltar la verja.

CARRIE VS BRODY

Mientras Saul libra su última batalla en Washington, observamos los últimos momentos de Carrie y Brody juntos. A él parece haberle brotado repentinamente una conciencia. O una obsesión con el agua porque no para de lavarse. Ella parece finalmente recordar que está embarazada y no suelta prenda hasta que él está decepcionado con no haber muerto. Sus últimos momentos juntos no llegan al nivel de intensidad de episodios anteriores, aunque se supone que ambos están ya tan trastornados que no les quedan fuerzas. Me ha dejado a medias y con ganas de algo más emocionante. Tras temporadas de arriesgar la lucha de Al Quaeda y la CIA por su amor, esperaba algo más íntimo que la llamada telefónica final, se veía que Brody ya pensaba en eso de “para lo que me queda en el convento…”.

SAUL: AMIGO O ENEMIGO

La traición final tiene lugar (alguien lo dudaba) pero eligen que no sea Saul el verdugo. No olvidemos que está prevista una cuarta temporada, y alguien tiene que caer bien a la audiencia. Tras una temporada de manipular, mentir y amenazar, los guionistas decidieron que este era el momento de volver a mostrar el lado bueno del judío. Digo yo que será para la foto.

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Parezco triste pero en mi regazo estoy acariciando un gato..muahahaha

Sinceramente el Saul de esta temporada es un retrato más fiel de lo que tiene que ser un espía. La versión edulcorada de temporadas anteriores no tenía mucho sentido, pero una persona es de una forma u otra, hay que elegir, no se puede cambiar el ángulo de un personaje de una forma tan radical tres veces en la misma temporada. Una cosa es la evolución de un personaje dentro de su arco y otra es la esquizofrenia en la que han inmerso a Mandy Patinkin. Yo prefería a Iñigo Montoya, al menos él tenía claro cual era su propósito en la vida; ya sabéis “tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Un clásico moderno.

UN FINAL INESPERADO Y SUS CONSECUENCIAS

De ahí saltamos al pico de dramatismo final, con Carrie en la verja y Brody exhibiendo la cuerda roja alrededor de un cuello que ya querría Fernando Alonso. Este momento, que si bien parecía algo ridículo (Brody parecía un muñeco) cierra de forma correcta, que no brillante, la intensa media hora de episodio realmente remarcable. Personalmente no me acabo de creer la muerte de Brody, por eso apenas me afectó.

En la serie de las traiciones y las falsas realidades todo puede suceder, así que estaré pendiente de la agenda de Damien Lewis, por si acaso solo estaba tomando cañas. En una tasca de Teherán.

Tengo el cuello como un torito bravo

Tengo el cuello como un torito bravo

Desde ahí, el flashforward con Carrie reinsertada en la vida de la CIA y pintando estrellas, Saul comiendo Croissants quiero creer que en Santorini, y Peter Quinn ejerciendo de paño de lágrimas de la rubia, hubiese tenido más sentido si este fuese el final de la serie.

Pero por lo visto esta media hora venía a abrir las tramas de cara a la próxima y nada deseada temporada, en la que Carrie “empaquetará” a su hijo con el yayo y se irá a Turquía, previsiblemente con Quinn y el estoico Virgil, bajo la atenta mirada de Saul que seguro volverá a la Agencia.

Nos queda la duda de si, una vez más, los creadores jugarán sucio y traeran a Brody de entre los muertos. En teoría desaparecen dos personajes regulares para la siguiente temporada pero yo pensaba rezaba que serían Jessica y Dana Brody Yo ya no digo nada, de esta serie me creo cualquier cosa y ninguna a la vez. Y sin confianza no hay empatía, y sin empatía no hay fidelidad.

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Y cuando pase la puerta de estrellas Carrie se convertirá en…Juanita Reina

CONCLUYENDO QUE ES GERUNDIO

La piedra angular que cimentó su éxito ha sido arrancada de su lugar de honor por los guionistas con la misma grúa que ahorcó a Brody y por el camino ha arrastrado por el fango su credibilidad y prestigio. Cuatro capítulos y medio decentes no salvan una temporada, y menos una serie. Para mi hay algo peor que el final de una serie buena, y es que se haya perdido a si misma en medio de la mediocridad. Me da mucha pena, prefería haber cerrado sus ojos que verla agonizar durante otra temporada más, despojada del cariño del público, de la aquiescencia de la crítica y del respeto de la industria (la debacle de los Globos de Oro no fue casualidad).

Una vez más Showtime ha sido víctima de su propia codicia y ha destruido otra serie por no permitirla morir a tiempo. Ya lo hizo con Dexter y ahora solo me queda rezar por Masters of sex. A Homeland solo me queda desearle una buena muerte la próxima temporada. No tengo claro que me quede a verla, pero como homenaje Pintaré una estrella por Homeland por lo que fue, por su heroicidad, aunque ya pocos quieran recordarlo. Y lo haré con el boli verde de Carrie, con su boli verde.

Nos vemos en tu serie o en la mía

Alicia (The good wife) contra Carrie (Homeland) Mujer contra mujer.

25 Oct

En este caótico, y nada halagüeño, comienzo de temporada, surge un curioso fenómeno centrado en dos de los personajes femeninos más potentes de la parrilla televisiva.
Los personajes son Carrie Mathison y Alicia Florrick, dos estilo de mujer totalmente opuestos, pero que aún encabezando sus respectivas producciones, tienen un peso e influencia muy distinto en ellas.

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CARRIE “LA LOCA”

Carrie Mathison es brillante, impulsiva y pasional; la agente de la CIA comenzó siendo un personaje magnético y vibrante. El problema apareció cuando su enfermedad, sufre un trastorno de personalidad bipolar, dejó de ser un rasgo de su personaje y fagocitó todas sus tramas, convirtiéndose en la “excusa para todo” de los guionistas. Al estilo del Luisma de Aida, los espectadores teníamos que tragarnos cualquier ruptura surreal de la trama al grito de “claaaaro, como Carrie está loca”.
La brillante interpretación de Claire Danes, algo extrema para algunos, ha llevado a que cada vez más peso de la serie recaiga sobre ella, convirtiendo la tercera temporada de Homeland en un excesivo registro de sus expresiones faciales y tics. Si bien yo compré los tres primeros episodios, y su idea de una temporada más reposada e intimista, el cuarto me convenció de que los guionistas son capaces de todo, con tal de alargar la serie. Nunca fue una producción rigurosa e hiperrealista, el deux ex maquina (justificado una vez más en que Carrie está loca) se convirtió en su bandera, pero lo de esta semana no tuvo precio. No digo más no quiero spoilear. Si lo viste lo sabes, aquí no saltaron el tiburón, aquí se lo pusieron a Carrie en un plato de porcelana y se lo comió al pil-pil. Claro, como está loca…

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ALICIA LA MUJER SIN MARAVILLAS
El fenómeno contrario sucede con una de mis ficciones favoritas, The good wife y su protagonista Alicia Florrick.
En contraposición a Carrie, Alicia es inteligente, racional y reflexiva. Tiene su dosis de indecisión, como todo el mundo, pero en general es una mujer fuerte y sobre todo pragmática. Y eso me encanta de ella;  por fin un personaje femenino que no se deja llevar por sus sentimientos y hace lo que debe hacer; bueno, casi siempre, pero nadie es perfecto.
Al contrario que en Homeland, donde los personajes secundarios ( excepto Saul) son aburridos y sus tramas repetitivas y nada atrayentes, el matrimonio King ha logrado crear en su serie un microuniverso de secundarios deliciosos y episódicos delirantes. Cualquier actor que se precie quiere tener un cameo en The Good wife, porque sabe que su personaje será un caramelo, interpretativamente hablando.
Salvando la primera mitad de la temporada anterior, la serie ha tenido una trayectoria en ascenso, y tras el elegante final de la cuarta temporada, nos están dejando una bien hilada e adictiva quinta entrega. En esta serie, el peso de Alicia se ha visto reducido a favor de otros personajes, y si bien continua siendo el hilo conductor, es una serena presencia que hilvana el resto de tramas para dar solidez a la serie.
Y esto no significa que la interpretación de Julianna Margulies no tenga tanta o más calidad que la de Claire Danes; es simplemente que su estilo es más minimalista, con menos gesto grandilocuente y más mirada. Quizá por ello se olvidaron de ella este año en los Emmy. A los americanos les gusta todo grande y aún no han aprendido que,  a veces, más es menos.

SU PESO EN LA SERIE
Es casi imposible hacer un paralelismo entre ambos personajes ya que su peso es muy distinto; en ambas series la protagonista es un personaje sugestivo y permite que empatices con ella, pero en el caso de Homeland sin Carrie no habría serie, mientras que todo podría seguir funcionando sin Alicia, aunque a mí, personalmente, la serie me gustaría menos. Son dos ideas distintas de cómo distribuir la influencia de los personajes principales en una serie. Personalmente prefiero la de The Good Wife, creo que es más efectiva, porque con más personaje es más difícil acusar desgaste según avanzan las temporadas.

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LOS NUEVOS PERSONAJES FEMENINOS
Por otro lado también quiero remarcar que no solo difieren en la cantidad de trama que absorbe cada una, sino en el protipo de personaje que encarnan.
La tendencia a lo extremo no solo existe en los personajes masculinos. Si ellos han copado los ahora llamados “antihéroes” (Tony Soprano, Vic Mackey, Don Draper, Walter White) parece que la traducción femenina es la “zorra castrante”.
En ocasiones parece haber únicamente buenos papeles para mujeres si hacen de malas(Margo Martindale en Justified o Jessica Lange en American Horror Story), de adictas ( Eddie Falco en Nurse Jackie o Khandi Alexander en The Corner)  o de mujeres desequilibradas, ya sean  solteras histéricas (Carrie, Debra Morgan, Dana Brody ) esposas castrantes (Betty Draper en Mad Men, Carmela Soprano en Los Soprano  o  Skyler White y su hermana Marie en Breaking Bad) o madres sobreprotectoras (Norma Bates, Cercei Lannister, Jackie Florrick).

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Yo reivindico a las mujeres “normales” las Alicias Florrick y Diane Lockhart de The good wife, las Peggy Olson y Joan Harris de Mad men o las Lydia Adams de Southland que son parte fundamental de la trama pero no la eclipsan con su, a veces, excesivo protagonismo. Para algunos quizás sean “sosas” para mí son reales. Y lo realista de vez en cuando también apetece.
En conclusión, gran comienzo de temporada para The Good Wife donde Alicia entra lo justo y deja hacer, no tan buen comienzo para Homeland que ya dio dos bandazos excesivos en solo cuatro episodios y no acaba de centrarse en nada (cual Carrie cuando deja las “pastis”) y una cierta reivindicación en pro de la mujer no extrema en las series. Que las actrices que no saben imitar tics y poner los ojos en blanco también tienen que comer.

Nos vemos en tu serie o en la mía

Dexter 8×12. Análisis del final de serie. ¿Hasta siempre, o hasta nunca?

24 Sep

Ayer junto a los Emmys y el penúltimo episodio de Breaking Bad, se emitió la season finale de Dexter. Y en general a todos nos daba un poco igual. Me explico.

Como ya comenté en un post anterior, tras la exitosa primera temporada de la serie el concepto del psicópata que mata psicópatas enseguida se quedo viejo, y la serie solo era tan buena como las nemesis del protagonista.

Así tuvimos A Trinity, el genial personaje de John Lithgow, al maquiavélico Miguel Prado, Jimmy Smitts, o a un revelador Ray Stevenson y su intrincado personaje Issak Sirko. En contrapartida tuvimos las decepciones de Jamie Murray o Colin Hanks, y quizá la más dolorosa hasta hoy, el desaprovechado Edward James Olmos.

Ahora, tras el final de temporada, podemos unir a Charlotte Rampling a la lista de decepciones mayúsculas. La veterana actriz, que ayer perdió en el Emmy a mejor secundaria de Miniserie por Restless (si no la habéis visto, os la aconsejo profundamente)  hizo lo que pudo con un personaje que por  falta de repercusión en la trama, si bien como  madre ideológica de Dexter tenía un enorme potencial , terminó dejando un sabor de boca tan amargo como el del ya mencionado Olmos.

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La temporada ha sido floja, lenta y sí, tremendamente aburrida, si se compara con sus ediciones anteriores. La Debra desquiciada del principio de la octava se diluyó enseguida, sus acciones del final solo buscaban congraciarla con el público, y enmendar su deteriorada relación con éstos para que doliese más aún su muerte. Salvando las distancias (y el lapso es insalvable) Debra era la Skyler White de esta historia (con peor vocabulario y mucho más odiosa) en la que todos vamos con el malo, y ella solo está para reventar la fiesta con sus principios.

Tras descubrir el secreto de su hermano, y posteriormente matar a Laguerta, Debra entró en una espiral de violencia y autodestrucción que debería haber terminado el día que lanzó su coche al río. Esa sí hubiese sido una muerte digna para Deb, que si bien era un dolor de muelas, al menos era una mujer independiente y luchadora, y no merecía terminal vegetal a manos de un asesino de segunda . Hasta Rita tuvo mejor muerte. Si la hubiese matado Hanna al menos hubiese sido una tragedia griega, pero ni eso. Al menos su hermano tuvo el detalle de saltarse el código para devolverla la dignidad.

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Tampoco los actores secundarios han resultado demasiado bien parados con el final; a Angel no le paso NA-DA en toda la temporada, a Joey Quinn le salió el tiro por la culata y se quedó compuesto y sin novia, la trama de Masuka y su hija quedó totalmente en el aire, y el capitán finalmente se quedó tan campante, dando su bendición al mayor asesino de la historia de Miami. Señores guionistas, una cosa es un final abierto y otra una chapuza.

Mi consuelo es que los dos personajes más chorra de la temporada, Elway (mi divino joven Indiana Jones) y Saxon terminaron mal. Sus personajes han sido meras excusas para que la trama avance, Mcguffins con patas y pelo Pantene sin más interés ni profundidad. Otro aplauso a los guionistas por “currarse tanto” a estos dos personajes que eran más planos que los calzoncillos de Bob Esponja. Al menos sus finales estuvieron a la altura de la complejidad narrativa de sus personajes, la enésima jeringuilla venenosa (que no letal) de Hanna y un boli Bic. En serio, siendo el asesino de la última temporada, ¿puede haber algo más triste, que ser asesinado con un boli Bic clavado en la yugular?

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Y si la mediocridad reinó en el resto de componentes de la temporada, las escenas finales no fueron mucho mejores. La locura narrativa de, una vez más, la muerte por boli Bic, palidecen ante la eutanasia de Debb, y el robo del cadáver saliendo del hospital, como si nada.

Por mucho caos previo al huracán, en lugar como Miami acostumbrado a este tipo de sucesos ¿Cómo nadie vio a un tío vestido de color azul celeste? cómo logró  transportar el cuerpo envuelto en sábanas blancas (que no son cantosas ni ná) hasta el yate? ¿Cómo logró “aparcar” el yate en la puerta del hospital, sin un solo barco que le hiciera sombra? Incongruencias y salidas fáciles que no se esperables, en el final de una serie que, en otro tiempo, tuvo bastante calidad.

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Por último el surrealismo en la decisión final de Dexter respecto a su vida con Hanna y su hijo. Podría entender que la hubiese dejado ir a ella, pero ¿abandonar a su hijo? Si consideraba que no era lo suficientemente bueno para su hijo, no hubiese mejor dejarlo con Jamie y Angel Batista, amigos y buenas personas que querían al niño. ¿Lo bueno para su hijo era dejarlo con otra asesina en serie?

Tras dos temporadas de lloriqueos y presuntos sentimientos a raudales ¿No buscó una salida fácil para volver a estar solo?¿ No estuvo en negación durante todo este tiempo, y es así como se siente realmente feliz? Logró engañar a Vogel y con ello casi se engaño a si mismo, pero finalmente entró en razón y abrazó la solución del psicópata, la de la supervivencia a cualquier precio, la del egoísmo y la falta de interés por las necesidades ajenas, la suya.

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Eso sí, si alguien me explica cómo escapó del huracán le estaría muy, pero que muy agradecida. He visto milagros en mi vida, pero esta escena (croma o lo que fuera que era aquella nube-ola gigante) ha entrado directa a los anales de la televisión en el top 5 de las escenas más fantasmas de la historia.

Alguien ha comentado que solo le faltó ver un tiburón para que le pareciera una escena de Sharknado y yo lo corroboró. Fue un final de serie B para una serie que dejó de creerse a si misma hace tanto tiempo que ya ni se recordaba. Ni ella ni nosotros, sus sufridos espectadores que la hemos terminado más por pundonor que por ganas.

Tras ver a la serie agonizar durante años, le hemos dado la mano mientras deliraba sus últimas palabras, en los estertores finales de esta enfermedad terminal de la falta de calidad. Con su muerte hemos respirado tranquilos.

Me alegro de que hayas terminado Dexter, me alegro de que en tu última escena hayas intentado, ya en vano, volver a tu esencia. Pero ya era tarde para la redención. Has muerto culpable de no ser  fiel a ti mismo.  Aún así me diste buenos momentos y intentaré recordarte en tus buenos tiempos cuando eras un psicópata sin corazón que patrullaba las calles de Miami. Tonight is the night…¿te acuerdas?

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Nos vemos en tu serie o en la mía

P.D. Un aplauso a FOX por emitir el final en España a escasas horas de su emisión en USA.

 

Dexter estreno de la temporada 8

2 Jul

El pasado domingo la cadena de cable americana Showtime estrenaba la última temporada de la que, durante años ha sido su buque insignia en lo que a ficción se refiere: Dexter.

Ocho años llevamos con las andanzas del sombrío asesino de asesinos, su insoportable hermana y los distintos amiguitos que hizo a través de los años, los buenos, los malos, y John Lithgow que estaba en otra liga.

Si hablamos de la serie en conjunto el mayor problema de Dexter siempre ha sido su falta de regularidad; la premisa y los personajes principales y secundarios están tan delineados y son tan predecibles que era el personaje invitado, el “amigo” del psicópata, es el que en cada temporada marcaba la diferencia.

Así mientas la primera temporada deslumbró, por lo novedoso, la segunda se desplomó con una disparatada pirómana interpretada por Jaime Murray. No fue hasta su cuarta temporada, con el soberbio personaje que encarnó John Lithgow, cuando la serie alcanzó su máximo nivel.

Respecto al resto de “amigos/villanos” existe más controversia; personalmente, y al contrario que mucha gente, me gustó mucho la temporada con Jimmy Smits, aunque puede ser solo porque le guardo un gran cariño desde El ala oeste.

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En lo que sí coincidimos la mayoría es que la sexta fue su peor temporada, quizás porque esperábamos mucho de Edgard James Olmos, alias comandante Adama, y nuestras expectativas se fueron al pozo. Solo se salvó el episodio final en el que, para salvar una desastrosa temporada, se vieron obligados a utilizar el gran as en la manga de la serie que nos dejó uno de los mayores cliffhangers entre temporadas que recuerdo hasta la fecha.

La pasada temporada (la séptima) tuvo sus luces y sombras; Ray Stevenson nos ganó con su Isaac Sirko, un personaje deliciosamente diseñado, un mafioso con una sensibilidad y complejidad que nos recordaba (de lejos) a Tony Soprano y sus chicos.

En el lado negativo tuvimos que soportar a una Debra más-desquiciada-si-cabe, que por lo menos a mi logró agotarme. Sinceramente hay pocos personajes a los que haya deseado abofetear tanto; esta en el top 5 con Joffrey de Juego de Tronos, Skyler de Breaking Bad, Pete Campbell de Mad Men y Jim McNulty en The Wire.

Pero lo de crear un personaje femenino odioso no se limita a Deb, es algo más endémico. Las mujeres en esta serie han sido, hasta la fecha, de lo más mediocre. Rita era prácticamente lerda, Debra es insoportablemente intensa, y a Laguerta, que era a priori la más interesante, la terminaron embutiendo en un cliché de cuarentona latina con escotazo, tan ajustado y chillón como su atuendo.

Las villanas no tuvieron mucha mejor suerte, Lumen (Julia Styles) no encontraba el punto entre víctima y verdugo, la pirómana (Jaime Murray) era más intensa que Deb y la psicópata florera de la temporada pasada era un quiero y no puedo en recrear en un cuerpo de mujer las fantasías más morbosas del forense.

Para mí el drama de Showtime es una de esas series que continuo viendo por inercia, esperando cada temporada a ver quien era el nuevo contricante de Dexter para decidir si la veía semana a semana o la maratoneo. Este último fue el caso de las dos últimas temporadas, que no han terminado de engancharme demasiado, pero tampoco me repelían como para abandonarlas. Es una serie que se ha acomodado y necesita grandes giros de guión para seguir reteniendo nuestra atención y que no pensemos que “es más de lo mismo”.

DESDE AQUÍ SPOILERS (no proceder si no vísteis el estreno de la octava temporada)

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Esta misma filosofía es con la que han encauzado este estreno de la octava temporada, trama previsible y golpe de efecto final para que te quedes una semana más a ver sus aventuras envueltas en papel de film.

El episodio fue bastante repetitivo y anodino; una vez más todos los personajes, protagonistas y secundarios, se comportaban exactamente cómo esperábamos, Debra histérica, Angel apasionado, Masuka repelente o Quincy metido en su enésimo lío de faldas (con la única mujer a la que no se había tirado aún, claro). Nada nuevo bajo el ardiente sol de Miami.

Lo que me escama, es que al único personaje al que se permite tener una evolución satisfactoria es Dexter. El año pasado lo intentaron con Deb y no terminó de cuajar, no vimos crecimiento ni cambios reales en su personaje, como bien lo demostró la decisión del episodio final.

De igual forma el resto de personajes se mantienen estáticos alrededor del protagonista, aburridos, previsibles, actuando como estatuas cuya única utilidad es dar la réplica a los diálogos y acciones del protagonista. Todo lo que les pasó la temporada pasada ha desaparecido, el bar de Angel, el amor por la stripper de Joey, la obsesión por el trabajo de Debb. Todo a la porra en seis meses. Nada ha cambiado excepto Harrison que ha crecido una barbaridad, si dura otra temporada le vemos hacer la comunión.

Esta carencia de subtramas de peso para el resto de personajes es la razón de que las tintas se carguen tanto en el recién llegado para que aporte un cambio sustancial en ya trilladísima premisa de “mato y nunca me pillan”.

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Es por ello que estoy encantada de que la nueva “villana” sea Charlotte Rampling, toda una dama británica de la interpretación. Parece que por fin han decidido poner a una actriz consagrada al frente de la temporada y de momento, por lo poco que sabemos de las intenciones de su personaje ¿consejera, quizá amante de Harry? de igual forma su trama pinta pero que muy bien.

La curiosidad por conocer hasta donde sabe el personaje de la doctora de la naturaleza de Dexter, unido a la aparición de mi adorado Sean Patrick Flannery, el ya no tan “joven Indiana Jones”, como nuevo jefe de Deb han logrado cautivar mi atención. Eso y que se emita en verano con no demasiadas series que le hagan sombra. En ocasiones es mejor ser cabeza de ratón.

Si hay un mérito que le reconozco a Dexter es el haber logrado engañarme en cada comienzo de temporada y conseguir que permaneciese a su lado un año más, y ya van 8, una cuarta parte de mi vida. Ahí es ná. No somos nadie, y menos en la camilla de Dexter.

Nos vemos en tu serie o en la mía.

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