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Parks and Recreation ¿merece la pena? y Análisis final de temporada.

2 Mar

 

La pasada semana terminó una de mis cinco comedias favoritas de todos los tiempos, Parks and Recreation. La serie de la cadena americana NBC, que nunca se ha siquiera estrenado en España, es junto con 30 Rock una de las mejores y más inteligentes comedias, no solo del Siglo XXI sino de toda la historia de la televisión.

Como el nombre le dirá bastante poco a aquellos que no dominan la lengua de Shakespeare, Parks and recreation significa Parques y festejos, porque de eso habla, del departamento de Parques y festejos de la ficticia localidad llamada Pawnee, situada en el estado de Indiana. En efecto, lo habéis pillado es una serie de funcionarios. Si de funcionarios. También tenemos derecho a tener nuestra propia serie (emoji de odio a los que no estén de acuerdo).

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La serie se planteó como un spin off o versión de The office, es decir un mockumentary (rodado como un falso documental) y trataron de permanecer en un estilo totalmente calcado a la serie madre; esto fue la causa por la que la primera temporada, de tan solo 6 episodios fue un total desastre, y un horror.

Pero, una vez que milagrosamente lograron renovar por una segunda temporada, fue cuando los creadores comprendieron que debían volar libres y tomar su propio camino, no buscando crear los mismos roles que en The office, sino generar su propio ejército de pirados, con un remozado catálogo  de disfuncionalidades. Y en ese momento fue cuando, realmente, la serie despegó.

La serie, a lo largo de sus siete temporadas (en muchas de ellas amenazada por la poca audiencia, y salvada en varias ocasiones por las campañas de fans) nos cuenta la historia de Leslie Knope, subdirectora del departamento, una incombustible leal y generosa funcionaria, que solo presenta un hándicap: es una obsesa del control que no sabe cuando parar. Para Leslie todo es una cruzada personal, desde lograr financiación para un parque hasta comprar el perfecto regalo de cumpleaños. Todo necesita una ferrea planificación y un equipo de gente entregada y leal para desarrollarlo. Y ahí es donde empiezan los problemas; el resto de funcionarios no está por la labor de hacer nada. Na-da.
Desde el director del departamento el genialísimo Ron Swanson que odia el gobierno y quiere destruirlo desde dentro, hasta el torpe Larry/Gary/Jerry/Garry Gergich todos los funcionarios son unos pirados de campeonato, y si comenzáis la serie, lograran que os enamoréis de ellos. Excepto de Tom, que es un ser insoportable.

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Es difícil para una fan acérrima explicar porque la serie es tan especial, aunque si os puedo dar una de mis razones. Nunca he encontrado un personaje tan parecido a mi como Leslie. El personaje interpretado por Amy Poehler comparte conmigo la obsesión por el control, la planificación exhaustiva de todo, las listas de pros y contras para todo, el amor por la comida de desayuno  y la adopción insistente de causas perdidas; es como verme en la tele, solo que ella lleva mejor ropa y  tiene pelazo. Eso y que Leslie se toma los desplantes bien, mientras a mi me cabrea cuando la gente no colabora (reitero emoji de odio).

Si queréis conocer mejor a Ron y  Leslie os dejo sendos artículos sobre ellos que escribí para la revista Zapping Magazine, ya que fueron el personaje del mes dos veces consecutivas.

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Y continuando con mi tendencia obsesivo-compulsiva, os dejo una lista de las razones por las que todos deberíais ver Parks and Recreation:
– Tiene una de las mejores mitologías de la tele. Si sois gente que disfrutais contando batallitas de Friends con los amigos , frases hechas, canciones, e iconos varios que harán vuestras delicias.
– Podéis ver a Chris Prat antes de estar bueno y ser archifamoso, y oírle cantar muchos de los temas de la serie.
– La serie está cargada de personajes absurdos que vuelven cada temporada; desde el poni Lit´l Sebastian a los programas y presentadores de radio y televisión de Pawnee pasando por sus desquiciados concejales, la serie cuenta con los personajes más histéricos de la televisión.
– Si os gustó el Ala Oeste podéis ver a Rob Lowe y os encantarán las miles de referencias y cameos que se hace a la serie de Sorkin.
– Montones de cameos de políticos americanos, desde Madeleine Albright a Michelle Obama, pasando por el icono sexual de Leslie Joe Biden. Si Joe Biden, la chica es rarita.

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– Si os gusta Saturday Night Live hay montones de cameos de los actores de su equipo, ya que varios de los actores de la serie proceden de la mayor cantera de humoristas que tiene Estados Unidos.
– Los guiones son una maravilla, cargados de humor inteligente y autoreferencial, que hacen las delicias de sus seguidores.
– La crítica a la política local americana es mucho más feroz y extrema de lo que podría ser en un drama, en especial al racismo, a la obesidad e inmovilismo de la población americana, a su credulidad respecto a los medios de comunicación y a su imposiblidad de realizar autocrítica. Parece que los zarpazos al sistema, incluso a la propia cadena NBC, no son tan dolorosos cuando tiene la dulce cobertura de un chiste, pero sigue siendo todo un mérito, al realizarse en una cadena de emisión en abierto que cuenta con censura del gobierno.
– La serie tiene al personaje que sería mi hombre ideal, Ben Wyatt, así que si estas secretamente enamorado de mi puedes aprender cómo comportarte (emoji guiñando ojo juguetón diciendo Ya tu sabes mi amol)

A los que no visteis la serie os invito a hacerlo. Y no tengo nada más que deciros así que dejad de leer insensatos que desde aquí hay spoilers. Dejad de leer. Parad ya. ¡Bastaaaaaaaaaa!

 

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DESDE AQUÍ SPOILERS
A los fans incondicionales os comentaré que si bien la última temporada me pareció bastante inconexa y flojilla (excepto el capítulo de Ron y Leslie y la finale) todos sabemos que siempre un poco más de Parks es mejor que nada de Parks.

Y respecto del episodio final debo decir que se planteo justo como se debía, como un homenaje a la audiencia, esa que les salvó tantas veces, dándonos toda la información posible sobre la vida de todos, excepto una cosa: en el funeral de Jerry/Garry/Terry se ven al servicio secreto acompañando a Ben y Leslie, por lo que uno de ellos terminó siendo presidente, la gran duda es ¿cuál de ellos? No se si no me enteré, pero creo que quedo en el aire.

Más allá de eso, lloré como una magdalena desde que Ron coge el bote de remos en el Parque Nacional y no paré de llorar hasta después de terminar. Hasta cuando apareció Ann Perkins, ser sosa y odiable a partes iguales. Y sí, lloré muchísimo con Leslie, que terminó consiguiéndolo todo, el marido ideal, los hijos invisibles que no dan guerra, el trabajo de sus sueños y todo lo que siempre quiso. Y eso me alegró, porque al menos mi yo de la ficción consiguió cumplir sus sueños, y eso, quieras que no, me da esperanzas.

Te echaré de menos, sister.

Nos vemos en tu serie o en la mía.

The Americans (FX, Fox España) Estreno temporada 3

6 Feb

La pasada semana comenzó la tercera temporada de The Americans, la serie ochentera de espías de la cadena americana FX y que en España emite FOX.

La serie, que empezó algo fría y arrítmica, logró en su segunda temporada encontrar el tono que buscaba y terminó convirtiéndose en uno de los aciertos del año pasado.

El cliffhanger con el que nos dejaron convirtió en una tortura la espera, y todavía en el primer episodio no han querido cortar la baraja, sino darnos tan solo un a probar un poquito de lo que será esta temporada.

DESDE AQUÍ SPOILERS

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La pasada temporada los protagonistas descubrieron la segunda parte de su misión en los Estados Unidos, criar a la nueva generación de espías. La idea era tan brutal como ingeniosa. ¿Quién iba a sospechar que unos adolescentes norteamericanos eran en realidad espías del KGB?

Fuera aparte de lo inquietante de la idea, retornamos en la serie a la acostumbrada bifurcación entre ética y moral que divide al matrimonio de espías. Como de costumbre Phillip no quiere subir el último escalón en el ascenso a héroe de la patria, mientras que Elizabeth únicamente piensa en cómo va a lograr convertir a su hija a la causa, sin que esta sufra.

Parece que por fin Elizabeth comienza a dudar de su misión y por primera vez parece trabajar más por miedo que por devoción. Igualmente ambos están enfrentados respecto a la decisión del adoctrinamiento y posterior entrenamiento de Paige, pero ambos anteponen la seguridad de su hija, la existencia de un nexo común de un propósito único ayuda a reconciliar los posicionamientos de ambos, si bien la nota discordante retorna en la forma de ejecución.

Mas allá de los Jennings, la relación del vecinísimo con su mujer, tras la “espantadilla rusa” parece no recuperar forma. Personalmente me parece naif pensar que su esposa le va a perdonar tan fácilmente, pero hay hombres así, por lo que no me parece un personaje inconsistente para nada.

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Respecto del resto de personajes demenciales, tengo ganas de ver qué sucede con Nina Krilova en la cárcel rusa, los intentos de su enamorado de la embajada para lograr sacarla del hoyo y sí, ver si esta temporada nuestra querida Martha se da cuenta (por fin) de que el pelo de su maridito es más falso que los bolsos de Tous del rastro.

Y tendremos que ver que pasa con Paige, la prima ochentera y santurrona de Grace Florrick; personalmente espero poder ver como su madre logra convertirla de canta-saetas en super espía rusky. Mi sugerencia es que le presente un ukraniano guapo, eso ayudará más que cualquier adoctrinamiento moral.

La temporada empezó bien, esperemos que mantenga el tipo, no puedo perder más series este año, mi corazón no lo soportaría

Nos vemos en tu serie o en la mía.

A to Z (De la A a la Z) ¿Basta con un piloto cuqui?

2 Sep

La pasada semana NBC filtró el piloto de A to Z (de la A a la Z) una nueva comedia que reúne para la nueva temporada a Ben Feldman (el irreverente Michael Ginsberg de Mad men) y Cristin Milioti (“la madre” de Cómo conocí a vuestra idem). El showrunner es Ben Queen, y cuenta con la producción de Rashida Jones (oh Ann Perkins, you beautiful tropical fish)

La serie, como explica una voz en off antes de empezar, narra exhaustivamente la relación sentimental entre Andrew y Zelda ( de ahí la A y la Z, desternillante) en sus casi nueve meses de duración. La voz en off es la de Kate Sagal (Sons of anarchy)

El piloto, obviamente, nos cuenta como se conocen, cargándolo todo de luz, colorido y fuegos artificiales. Amor idílico, ideal y muy cuqui. Si lo he escrito bien, cuqui. Este es el mejor adjetivo para describir la serie.

Los protagonistas no son atractivos, son cuquis. Sus trabajos (el trabaja en una web de citas y ella es abogada de las que solo lleva caso buenos) son cuquis. Su amigos están a su alrededor solo para hacer que ellos luzcan mejor, y también son cuquis. Hay que remarcar la excelentísima química entre Ben Feldman y Cristin Milioti.

Todo es ideal pasteloso y requetebonitisimo, como debe ser en toda comedia romática.

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Si fuera una peli de este género, sería perfecta. De diez. De las que usas cuando estas deprimida con tu pijama de peluche del Primark, tu bol de palomitas y tu paquete de kleenex.

Pero no es una película, es una serie. La duda que genera entonces es: ¿tiene potencial para ser algo más que un piloto cuqui? Una serie necesita no solo una buena idea inicial, sino la posibilidad de que esa premisa general mantenga dignamente un recorrido a medio, largo plazo. Si tienes éxito la cadena va a querer exprimir la gallina de los huevos de oro y la serie puede quedarse vacía en nada de tiempo (ej. Como conoci a vuestra Cristin Milioti)

Igualmente hay series una fuerte premisa inicial pero que en seguida pierden fuelle porque las tramas secundarias no ayudan lo suficiente a la historia en los capítulos centrales de cada temporada. Creo que este puede ser el caso de esta serie, cuyo universo no esta demasiado bien definido en el piloto. Creo que se puede quedar a medio camino por no tener demasiado que contar; los secundarios son importantes en el éxito de una serie, esto es algo que a veces se pierde de vista y creo que es algo a solucionar en este piloto.

Como siempre necesitaremos tres o cuatros episodios para ver por donde va realmente la serie, y si tiene calidad suficiente para entrar en mi “cartera de comedias”. Sería de agradecer, ya que con todas las canceladas o terminadas tengo pocas series que me hagan reir. En general es una comedia ligera y blanca que puede ser agradable de ver si encuentra su equilibrio.

Recomendable si te gustan las series cuquis y los pijamas de peluche. Abstente si crees que Hank Moody es el mejor.

Nos vemos en tu serie o en la mía

p.d. para aquellos amantes de Mad Men que deseen ver la serie, espero que no les ocurra lo que a mí, que no me arranque las últimas imágenes de Ginsberg y su “regalito a Peggy” de la cabeza. Que horror. (ojo spoiler)

 

A dos metros bajo tierra (HBO) ¿Merece la pena?

20 Jun

 

A principios de los 2000, que aunque parezca que ha pasado una eternidad no es así, en aquellos años en que todavía veíamos toda nuestra tele en el aparato del salón, La 2 de televisión española empezó a emitir los “jueves en serie”, una programación doble con Las chicas Gilmore y A dos metros bajo tierra.

La primera era una serie amable sobre una madre y una hija con un serio problema de diarrea verbal, que aún hoy me parece deliciosa. Pero el premio gordo venía en la segunda parte de la sesión, con Six Feet Under, serie creada por Alan Ball que venía de ganar el oscar con American Beauty.

¿DE QUÉ VA?

La serie narra la vida de la familia Fisher, dueños de una funeraria, y las vicisitudes de esta profesión, centrándose en cómo afecta a cada personaje el hecho de vivir rodeados de muerte.

La ficción arranca con la muerte de Nathaniel el patriarca, y la herencia del negocio familiar por parte de sus hijos, que deben lidiar con una nueva situación profesional unida al dolor por la pérdida de su padre.

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ESTRUCTURA Y TONO

Ya desde el piloto, todos los episodios se inician con una muerte, más o menos trágica, más o menos absurda (hay auténticas maravillas del surrealismo) a modo de cold open aunque son posteriores a los créditos (que son otra maravilla). El muerto en cuestión será embalsamado y enterrado por los Fisher y las vivencias de las familias del finado incidirán en las propias vidas de los dueños de la funeraria.

La serie mantiene un finísimo humor negro, procura no caer en el victimismo y siempre busca equilibrar lo cómico con lo profundo.

La serie asume la premisa de la muerte como algo natural de lo que se debe hablar abiertamente, una idea lógica pero en directa oposición a la tendencia habitual a esconder el dolor por la pérdida de los seres queridos. La parte que habla de la muerte más directamente no es una comedia, pero tampoco es un dramón. La parte culebronera se acentúa más en las vidas de los personajes, algo excesivo para mí en las temporadas finales, donde cada vez se alejan más de los conflictos episódicos creados por los “clientes” de la funeraria, y se centran más en las tramas personales. La actividad en la funeraria se limita a permanecer como tela de fondo del resto de tramas y en ser fuente de conflictos pero más como negocio que como casa mortuoria.

¿POR QUÉ MERECE LA PENA?

Por la época de su estreno yo ya había visto alguna “serie buena”, como Doctor en Alaska o Expediente X, pero no necesité que pasasen demasiados minutos del piloto para darme cuenta de que aquella serie era algo diferente. Yo no sabía que era HBO, ni falta que me hacía, ni conocía a ninguno de sus actores*. Hasta desconfié de que la serie fuese americana y lo mire en internet, porque mi pensamiento era que “aquellos personajes eran demasiado extraños para ser americanos”.

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La profundidad de los personajes, sus conflictos interiores, su hiriente sinceridad en las discusiones, hacían que todos ellos pareciesen reales, imperfectos, humanos. Rompían el velo de perfección de las series americanas, de sus actores macizos, de sus actrices anoréxicas, y nos mostraban algo distinto, la televisión como reflejo de la realidad y no como la cueva de las sombras de Platón donde todo parecía más hermoso cuando era televisado.

Pero paralelamente al naturalismo humano que desprendía, la serie juega magistralmente con el mundo del subconsciente, de lo onírico, de la alucinación producida por la droga, o de la inconsciencia, mostrándonos a los muertos como seres que continúan junto a los vivos, comunicándose con ellos y dándoles lecciones de vida, si bien nunca se sabe si las reflexiones vienen del propio finado o del yo interior del personaje.

El juego entre la realidad más cruel y el surrealismo más acuciante la convierten en una de las series más reveladoras de la condición humana de la historia de la televisión.

¿QUÉ ES SIX FEET UNDER PARA MI?

Nunca terminé la serie; me quedé al principio de la tercera temporada, quiero imaginar que alguna contraprogramación de la 2 me dejó en la cuneta, y hasta hace un par de semanas no había sido capaz de retomarla. La razón: tenía demasiado miedo a que se me cayese un mito. La “yo presente” con 10 o 12 años más de visionado de series a la espalda podía odiar una serie que la “yo pasada” adoraba. Pero no fue así. Casualidades del azar compré pack de la serie junto con el de Las chicas Gilmore (coincidencia, no lo creo) y retomé la serie donde la había dejado, viendo las casi tres temporadas restantes en dos semanas. Y me encantó.

Claro que la temporada 3 es muy superior, y que la cuarta y el principio de la quinta se diluyen en tramas estériles, pero los últimos episodios de la serie compensan cualquier lapso previo. Y tiene el mejor final de la historia de las series. El mejor. El más lógico, el más introspectivo, el más sentimental, el más bello formalmente, el más satisfactorio, el que mejor te permite alejarte de la serie con una sonrisa. En una ficción sobre la muerte y el duelo, logran darte justo lo que necesitas para seguir adelante.

Seguramente a los que habéis visto la serie siendo más mayores, o mejor formados podréis tener un concepto más objetivo de Six feet under, pero en mi caso es imposible. Como el primer amor, tras mi flechazo inicial me he pasado la vida comparando al resto de las series con ella.

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Repito que no logro ser objetiva con esta serie. No puedo. Para mí siempre tendrá un lugar de honor en el panteón de las series terminadas, porque en mi particular historia seriéfila la edad dorada de la televisión comenzó con Six Feet Under. Más bien mi historia de las series empezó con Six Feet Under y ha influido todo lo que vi y veré y formará parte de mi, porque, cuando acabas esta serie te siente un Fisher más. No en vano cuando mi querido Ernesto Mitre realizó el diseño de este blog solo tuvo un requerimiento por mi parte: “quiero que tenga el color del cielo en los créditos de Six Feet Under”. Porque yo no sería la que soy hoy sin ellos. Los Fisher pusieron el liston en las nubes, por eso yo pinte mi blog como su cielo. Para algún día, alcanzarlos.

 

Nos vemos en tu serie o en la mía.

 

* Los actores de Six Feet under eran desconocidos para mi entonces, pero a todos les fue francamente bien desde el final de la serie, al menos a los Fisher, desde Michael C. Hall, el ya eterno Dexter, Peter Krause que no ha parado de hacer series, las colaboraciones de Lauren Ambrose en Coma o Torchwood, o la deliciosa Frances Conroy que tanta luz dio a American Horror Story.

Cómo conocí a vuestra madre 9×24: Final de la serie. Un final redondo. Con Spoilers

2 Abr

El día 31 de marzo de 2014 terminó Cómo conocí a vuestra Madre, o How I met your mother como la conocemos aquellos que la hemos visto íntegra en inglés. Seguramente es, con Lost, de las primeras series que vimos en nuestros PC en vez de en la tele, y 24 semanas al año durante casi una década seguimos las andanzas de esta comedia en la que, por primera vez, los protagonistas adultos tenían mi edad. Si Friends fue la comedia que nos habló, a aquellos que nacimos en los 80, de cómo sería nuestra futura vida de adultos, HIMYM nos relataba en clave de humor nuestro presente.

Quizá por ello nos enganchamos tanto (aunque en realidad todos rezábamos por el nuevo Friends, cosa en la que nunca se convirtió) y quizá por eso también un gran número de nosotros rechazamos el bandazo hacia lo dramático que dio en las 4 últimas temporadas. La espiral de automachaque de Ted Mosby, sus continuas llantinas y depresiones y demás mazazos que la serie fue repartiendo entre sus protagonistas, oscurecían el tono de una serie que había nacido como una comedia blanca y sin pretensiones existencialistas.

Una cosa era contar el extenuante peregrinar por “el desierto de lo sentimental” de Ted Mosby hasta que encontrase a “la madre” y otra era ver al protagonista inmolarse durante nueve años por Robin, alguien con quién “sabíamos desde el piloto” que no iba a terminar.

Esa era mi mayor queja, si la serie va de cómo Ted conoce a su futura esposa, ¿por qué no me lo cuentan? ¿Por qué insisten en la historia con Robin? ¿Es Ted Masoquista? ¿Es Ted en realidad Marilyn Manson? ¿Alguien sabe cuánto son 400 dracmas? Veis ya me fui de punto, como la serie.

Pero esta queja llena de interrogantes se vio resuelta en los (ya tan odiados por muchos) tres últimos minutos de la serie. La historia, aunque se vendiese así, nunca fue para contar a los hijos de Ted cómo conoció a su madre, sino para que fuesen conscientes de la interminable historia de amor y desamor que había tenido con “la tía Robin” y con ello testar las aguas filiales sobre como llevarían que saliese con ella.

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En ese momento me reconcilie con la serie; no porque no me pareciese que las anteriores temporadas habían sido terribles (la novena fue algo mejor, pero tampoco para tirar cohetes) sino porque al menos con ello habían dado una respuesta coherente a mis preguntas.

Comprendo que a muchos les haya parecido una estafa, ya que eran del “team Madre”, pero para mí ésta era en realidad un ideal, algo inalcanzable y difuso, con la que difícilmente podía empatizar (porque no la conocía). Y cuando, por fin, pudimos conocerla se nos presento como alguien demasiado perfecto y adorable, sin defectos, sin vicios, como si la persona que la estaba describiendo la tuviese en un pedestal, aún más alto que el destinado a la persona amada. Ahí empezó el mosqueo. Algo pasaba.

NADIE era tan perfecto, ni tenía siempre la respuesta correcta, ni le gustaba automáticamente a todo el mundo. Solo se habla tan de puntillas y así de bien de alguien que no puede defenderse.Y efectivamente en pocos capítulos se empezó a sugerir que la madre no llegaba a 2030 de una pieza, y así fue. La historia de la madre fue solo la versión de Ted porque no había nadie que le diese réplica.

La muerte de “la madre” dejaba la puerta abierta a Robin, la mujer que había desaparecido de “la banda” mientras Ted fue feliz y que, por lo que parece, solo había vuelto activamente tras la muerte de su esposa. La reconciliación con Barney estaba fuera de lugar ahora que el corazón de éste estaba ocupado por su hija Ellie y el no tener hijos propios y ser cercana a los Mosby hacía sencillo ser aceptada como una más en el seno de esa familia rota. El círculo se cerraba y la carambola salía perfecta.

Guste más o menos al público, hay que reconocer que narrativamente lo han clavado, y ahí les doy mi enhorabuena. Y no siendo precisamente la mayor fan de la serie en sus últimas temporadas, mi aquiescencia debería valer doble. O quizá precisamente por no estar tan encariñada con los personajes es por lo que acepté este final. Esa es la eterna duda, que no voy a molestarme en contestar.

Personalmente estoy encantada de que termine con Robin, la canadiense es imperfecta, inconstante, dubitativa, es decir es un personaje creíble con el que hemos pasado nueve años. Cuatro capítulos sueltos no me han hecho coger cariño a Tracy, cuyo nombre supe a diez minutos del final, no me ha dado tiempo. Parece claro que es cómo los guionistas lo querían. No en balde tenían grabada las escenas de los hijos desde hace años. Tienen mi aplauso.

Contenta también con los derroteros que toman las vidas de Marshall, Lilly, que podemos vislumbrar en los flashforward del final, solo me queda despedirme de la serie, con sus aciertos y decepciones, pero que estuvo ahí, o más bien, yo aguanté a su lado, durante 9 largos años, en que yo también me hice mayor.

La escena del paraguas amarillo no me dió más, nunca sabremos que sucedió con la piña ni si la vida de Barney fue legen…wait for it…dary, pero al menos me alegra saber que la trompa azul terminó en buenas manos.

Nos vemos en tu serie o en la mía

Girls ¿las amas o las odias?

26 Mar

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Hoy os paso un post que escribi a cuatro manos con Paula Hernández (@Enawebseriada)  de Ver Tele, en el que debatimos aquellos aspectos que nos llevan a amar u odiar Girls. Si me seguis en twitter sabréis que yo soy de la segunda corriente, mientras que Paula representa al sector fan. Que conste que este artículo fue todo un sacrificio porque, habiendo dejado la serie en la temporada 1, no quise escribir algo que hubiese perdido el sentido con el avance de la serie por lo que vi hasta el 3×08 para asegurarme que seguía aborreciendo la serie. En efecto así fue. Dos temporadas despues seguía destilando todo aquello que me hacía querer matar a sus prtagonistas mientras dormían.

Mis razones son simples, tengo 33 años, 8 más que Hanna pero realmente solo 4 más que Lena Dunham, la creadora de Girls. Me cuesta creer que cuatro años sea un lapso tan gigantesco como para no reconocer en la “comedia” de HBO ninguno de los rasgos de mi generación.

Con mi generación me refiero a  todos aquellos a los que nos vendieron que el esfuerzo tenía un fruto; cierto que nos aseguraron que la educación universitaria sería el billete dorado a un futuro profesional prometedor, cierto que todo ello terminó siendo una patraña y que en cierta medida somos la generación del desencanto, de la confusión y de la crisis existencial; pero no me trago que por ello seamos la despreciable secta de narcisistas, aprovechados e hipócritas que se agolpan en los guiones de la nueva niña bonita de la tele. Y lo de bonita no intentaba ser sarcasmo.

A continuación os dejo un link al post en que ambas defendemos nuestras posiciones, espero que comentéis en que lado estáis.

Nos vemos en tu serie o en la mía.

House of cards inglesa (BBC) contra House of cards americana (Netflix) batalla tras la 2ª temporada (sin spoilers)

24 Feb

La pasada semana, a mi ritmo, terminé la segunda temporada de House of cards. Aunque la disfruto no soy una de sus grandes defensoras, más que nada porque soy una fanática de la versión original.

Podéis llamarme pedante, pero la adaptación del libro de Michael Dobbs que se marcó en la BBC Andrew Davies, el gran Andrew Davies, en 1990 es insustituible. Ni por Kevin Spacey, ni por el lucero del alba.

House of cards es una fábula moral sobre un  hombre maquiavélico y vengativo que demuestra que parar medrar en política lo único necesario es conocer los anhelos del que está en el lado opuesto de la mesa. Tras una dura humillación Francis Urqhart el Whip (jefe de disciplina) de los Tories en el parlamento inglés, inicia una campaña para subir de escalafón en la política británica, utilizando los cadáveres de sus enemigos como escaleras hacia el Olimpo gubernamental. Y a la prensa como pasamanos. Y su mujer aplaude mientras lo hace. Delirante.

Elegante, aunque algo avenjentada con el paso de estos 20 años, sutil y extrema, la historia no tiene pretensiones de credibilidad. Es un cuento, una fábula, con sus buenos, sus malos y sus peores. Como en todo relato fantástico no existen límites, y todo está permitido, solo que en esta epopeya épica han decidido situar la trama en el mundo real. Pero no por ello deja de ser delirante y despiadada y, para que negarlo, deliciosamente satisfactoria.

 Durante un puñado de episodios (menos en total  que la primera temporada de su hermana Yankie) las tres temporadas de la House of Cards de Davies, con el espectacular Ian Richardson a la cabeza, rezuman ironía, maldad y autosatisfacción por los cuatro costados.

Urqhart siempre nos mira a los ojos, sin nada que ocultar. Underwood es más esquivo.

Durante esas pocas horas, al espectador se nos permite, no solo ser malvados sin pagar las consecuencias, sino también, a través de uno de los mejores escorzos televisivos que haya visto, ser cómplices directos de las tropelías del protagonista. Sin duda este recurso narrativo es lo mejor de la serie. La trangresión de la norma fundamental de la ficción: la separación  entre espectador e historia.

Aquí el protagonista se vuelve y mira a los ojos al espectador, y le habla a él , directamente, sin intermediarios ni voz en off. Francis Urqhart trasciende la pantalla y tiende una mano al público, para convertirlo en algo más que un convidado de piedra. Como decía antes el espectador es gustoso secuaz del político, superando la empatía para convertirse en parte de la historia y su discurso. Magistral.

Esta técnica del escorzo se rescata en la versión americana, que si bien recoge la esencia de la serie británica, realiza los suficientes cambios como para lograr una entidad propia. Dichos ajustes, si bien le confieren una cierta independencia de la serie, y el libro, original no se realizan en todos los casos con el mismo acierto. Veamos los aciertos y errores de esta adaptación:

Sí, soy una perra del infierno y siempre consigo lo que quiero.

ACIERTOS

–          La adaptación al sistema político americano es sobresaliente. La relevancia de ser políticamente correcto es muchísimo más acusado en Underwood que en Urqhart, signo de las diferencias entre ambos países.

–          Un mayor peso de la esposa del protagonista en la historia. La señora Urquhart tardó mucho en dar juego y siempre me pregunté cómo hubiese sido la serie si hubiésemos visto más de ella. En el caso de Claire Underwood (Robin Wright) su historia ha ido de menos a más. Si en la primera temporada era rígida y calculadora en la segunda aumentó su sentimentalismo a la par que se volvía más perra. Me encanta. Por norma a  las mujeres pragmáticas y ambiciosas, Hollywood las suele pintar como solteronas amargadas. Claire demuestra que se puede tener todo, solo hay que elegir bien a tu partener.

–          El giro de tuerca sexual. Urqhart era un putero. Así sin más. No era capaz de mantener los pantalones puestos y eso, en ocasiones, le llevaba a complicar su vida más de lo necesario. Underwood parecía ir por el mismo camino en la primera temporada, si bien, tras una leve insinuación en la anterior, han dejado claro en esta segunda que Frank es mucho más capaz de controlar esa clase de impulsos de lo que creíamos. Su autocontrol pasa por un poco de remo, unas carreras y una ducha fría. Hasta ahí puedo leer.

–         Cambiar al enemigo directo de Underwood en la segunda temporada. La versión inglesa “To play the king” tenía un duro oponente en su segunda, pero el “equivalente americano” era claramente inferior al congresista. Por ello se desvió la confrontación al personaje de Raymond Tusk, mucho más interesante y claramente mucho más al nivel de Frank. No podemos negar que la batalla estuvo muy igualada.

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Lady Urqhart la perfecta Lady McBeth, gana las batallas con susurros, nunca confrontando en persona, dejando que otros hagan el trabajo sucio.

 ERORRES

–          La ausencia de la flema ensombrece el tono de la serie. Los ingleses se ríen extraordinariamente bien de sí mismos. Los americanos son mucho más graves y se toman muy en serio. Aún con ello la ironía sigue presente en Underwood, al menos cuando se dirige al espectador, si bien sus intercambios con el público no son igual de agudos o irónicos que los de su colega inglés.

 –          Los personajes son fisicamente deamasiado atractivos. Solo basta ver a los arrebatadores protagonistas y compararlos con los british (viejos, fofos y feos) para ver que en USA hasta los políticos necesitan una sonrisa Profident. Hace más plausible los escarceos amatorios de Francis Underwood que tiene unos 15 años menos (o eso aparenta) que Urqhart, siendo aún más extrema la diferencia entre sus esposas.

 –          Los secundarios no llegan al nivel. La excesiva interpretación de Corey Stoll que no le pilla el punto al congresista Peter Russo contra la sutileza de Miles Anderson y su decadente  Roger O´Neill puede ser la comparación más odiosa. También es muy superior Sussanah Harker  a Kate Mara, como niña bonita del Whip. Su forma de hablarle resuena de forma incómoda a lo largo de toda la serie “Daddy, daddy…”.

Pero también hay un caso en que gana la americana;  el del chief of staff, Doug Stamper, que si bien en la serie original (Tim Stamper) es simplemente un personaje retorcido y mezquino, con la interpretación de Michael Kelly se torna complejo y delicioso, lleno de matices y batallas interiores; uno de los grandes aciertos de la segunda temporada fue concederle mayor protagonismo. Soberbio.

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Doug Stamper, el perro fiel, el perro herido.

–          El notorio recelo de los secundarios con el protagonista hace más difícil creer la premisa. Los personajes enseguida desconfían de Underwood, la prensa se ceba, y es más difícil creer en sus logros si todo el mundo le tiene tan cogida la medida.  La gracia de Urqhart era que su encanto enmascaraba sus acciones y  para cuando se daban cuenta de su juego, ya eran cadáveres políticos. Con Underwood, al confiar en él siendo, como varios dicen, un tipo despreciable, los secundarios demuestran una candidez extrema ( Peter Russo, Jackie, el presidente…) que no existiría en un político real. Estos son demasiado buenos sobreviviendo y en ese mundillo el buen depredador es el que mata en silencio, y suavemente.

–           El excesivo sentimentalismo y moralina yankie. La historia inglesa como digo es una fábula moral, con su trama y su moraleja final, pero en el caso americano las collejas caen en cada episodio. Ya sea Frank o Claire, ambos sufren crisis y epifanías en cada episodio. Es posible que esto sea necesario para adaptarlo al sentir americano, pero hace que se deshinche la premisa. Los Underwood son dos despreciables manipuladores sin cortapisas morales, y me cuesta comprender comportamientos sentimentaloides que han tenido, sobre todo en la segunda temporada. Los norteamericanos son tan santurrones que hasta sus más despreciables elementos tienen alma. Increíble.

 Sin duda  sigo recomendando la inglesa, pero ambas pueden verse de forma independiente, sobre todo a partir de la segunda temporada, donde la separación en las historias es mucho mayor, lo cual, desde el punto de vista de espectadora, agradezco. Todo ha mejorado bastante respecto de la anterior temporada, en especial la interpretación de Robin Wright y las tramas secundarias, que han enriquecido la historia y han dado más profundidad a muchos personajes (Doug Stamper,, Mitchun, Rachel…). Mi mayor pero es la poca fuerza del presidente que como comenté se ve compensada por el personaje de Raymond Tusk. El estupendo ritmo de la serie, su cuidada producción, y la posibilidad de poderlo ver todo seguido, hacen que sea una serie que disfruto, aunque en menor medida que la británica.

La decisión de cual es mejor la dejo a vuestra elección, que a todos los que defendemos la versión inglesa nos llaman pedantes y reyes del postureo. Vosotros muy bien podriáis pensar eso, yo no podría comentarlo.  

Nos vemos en tu serie o en la mía.

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