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Unbreakable Kimmy Schmidt ¿merece la pena verla? Sin spoilers

1 Abr

Últimamente tengo poco tiempo para ver series por lo que me estoy limitando a ver aquellas por las que tengo mucha querencia (The good wife, Better call Saul y sí, Survivor) y algún estreno muy ensalzado por la blogosfera.

Por eso creo que llego tarde a deciros lo mucho que me ha gustado Unbreakable kimmy Schmidt la nueva comedia de Netflix creada por Tina Fey ( 30 Rock) . La serie que ya está disponible en su totalidad, Netflix emite sus series completas, está protagonizada por Ellie Kemper y cuenta la historia de Kimmy una joven que fue secuestrada en el año 2000 por una secta apocalíptica y lleva desde los 14 años encerrada en un bunker antimisiles. Kimmy es liberada en 2015 y decide vivir en Nueva York mientras trata de comprender y adaptarse al siglo XXI con todos sus dramas y miserias. Como escuderos en su cruzada por conquistar el nuevo mundo su compañero de piso Titus, gay pasado de moda con pretensiones de actor de Broadway, su contestataria casera, la deliciosa Carol Kane y su jefa, la típica (que resulta no serlo tanto) mujer florero, interpretada de forma extrema, por la diva de las divas, la grandiosa Jenna Maroney, digo Jane Krakowski. Sí, se que suena rebuscado y absurdo pero ese es el punto fundamental de la serie, que es absurda, atrevida, irreverente y algo raro: divertida.

Considerando las horrendas nuevas comedias “normales” de los últimos años (The Millers, Dads, Trophy Wife) el agotamiento de muchas de las que siguen en antena (2 broke girls, Modern family)  y el final de muchas de las grandes clásicas ( The office, 30 rock, Parks and Recreation) la perspectiva de las comedias en 2015, más allá de Brooklyn nine nine no era muy halagüeño.

cast

Ademas llevamos años con comedias que no lo son, como Nurse Jackie, Orange is the new black, Louie o Shameless. No digo que las mencionadas no sean buenas, es simplemente que son otra cosa, llamémoslas dramedias llamémoslas chalet en Torrevieja.  Yo reconozco que de vez en cuando me gusta ver algo más genuino, más metido en el cliché, aunque sea tonto o excesivamente obvio, pero que hace reír.

Por eso me gusta Kimmy, no trata de ir de otra cosa, es una comedia, normal, graciosa, es decir: se sabe qué es comedia. No es 30 Rock, pero se deja ver, porque, en ocasiones, se agradece una serie sencilla, divertida, con buenos one-liners, y sí, una sintonía que se clava en tu mente y no consigues sacarla de ahí (yo vi la serie de un tirón y la escuché todas y cada una de las veces que sonaba), y no os quiero hablar de Pinot Noir pero puede llegar a canción del verano en USA, ahí lo dejo…

Es cierto que siendo de Tina Fey esperaba un pelín más de acidez en los chistes, pero no me quejaré.

Como siempre podéis juzgar por vosotros mismos, pero yo a las comedias no les pido más que a esta. Ah y sale Jon Hamm y ver a este señor hacer comedia es siempre una delicia. Siempre.

Nos vemos en tu serie o en la mía.

p.d. unbreakable…it´s a miracleeeeeee…sí, sigo cantándomela. No se va de mi cabeza.

p.d.2 Pinot Noir, Myanmar…sí tiene más  canciones pegadizas…esta serie es lo peor.

House of cards inglesa (BBC) contra House of cards americana (Netflix) batalla tras la 2ª temporada (sin spoilers)

24 Feb

La pasada semana, a mi ritmo, terminé la segunda temporada de House of cards. Aunque la disfruto no soy una de sus grandes defensoras, más que nada porque soy una fanática de la versión original.

Podéis llamarme pedante, pero la adaptación del libro de Michael Dobbs que se marcó en la BBC Andrew Davies, el gran Andrew Davies, en 1990 es insustituible. Ni por Kevin Spacey, ni por el lucero del alba.

House of cards es una fábula moral sobre un  hombre maquiavélico y vengativo que demuestra que parar medrar en política lo único necesario es conocer los anhelos del que está en el lado opuesto de la mesa. Tras una dura humillación Francis Urqhart el Whip (jefe de disciplina) de los Tories en el parlamento inglés, inicia una campaña para subir de escalafón en la política británica, utilizando los cadáveres de sus enemigos como escaleras hacia el Olimpo gubernamental. Y a la prensa como pasamanos. Y su mujer aplaude mientras lo hace. Delirante.

Elegante, aunque algo avenjentada con el paso de estos 20 años, sutil y extrema, la historia no tiene pretensiones de credibilidad. Es un cuento, una fábula, con sus buenos, sus malos y sus peores. Como en todo relato fantástico no existen límites, y todo está permitido, solo que en esta epopeya épica han decidido situar la trama en el mundo real. Pero no por ello deja de ser delirante y despiadada y, para que negarlo, deliciosamente satisfactoria.

 Durante un puñado de episodios (menos en total  que la primera temporada de su hermana Yankie) las tres temporadas de la House of Cards de Davies, con el espectacular Ian Richardson a la cabeza, rezuman ironía, maldad y autosatisfacción por los cuatro costados.

Urqhart siempre nos mira a los ojos, sin nada que ocultar. Underwood es más esquivo.

Durante esas pocas horas, al espectador se nos permite, no solo ser malvados sin pagar las consecuencias, sino también, a través de uno de los mejores escorzos televisivos que haya visto, ser cómplices directos de las tropelías del protagonista. Sin duda este recurso narrativo es lo mejor de la serie. La trangresión de la norma fundamental de la ficción: la separación  entre espectador e historia.

Aquí el protagonista se vuelve y mira a los ojos al espectador, y le habla a él , directamente, sin intermediarios ni voz en off. Francis Urqhart trasciende la pantalla y tiende una mano al público, para convertirlo en algo más que un convidado de piedra. Como decía antes el espectador es gustoso secuaz del político, superando la empatía para convertirse en parte de la historia y su discurso. Magistral.

Esta técnica del escorzo se rescata en la versión americana, que si bien recoge la esencia de la serie británica, realiza los suficientes cambios como para lograr una entidad propia. Dichos ajustes, si bien le confieren una cierta independencia de la serie, y el libro, original no se realizan en todos los casos con el mismo acierto. Veamos los aciertos y errores de esta adaptación:

Sí, soy una perra del infierno y siempre consigo lo que quiero.

ACIERTOS

–          La adaptación al sistema político americano es sobresaliente. La relevancia de ser políticamente correcto es muchísimo más acusado en Underwood que en Urqhart, signo de las diferencias entre ambos países.

–          Un mayor peso de la esposa del protagonista en la historia. La señora Urquhart tardó mucho en dar juego y siempre me pregunté cómo hubiese sido la serie si hubiésemos visto más de ella. En el caso de Claire Underwood (Robin Wright) su historia ha ido de menos a más. Si en la primera temporada era rígida y calculadora en la segunda aumentó su sentimentalismo a la par que se volvía más perra. Me encanta. Por norma a  las mujeres pragmáticas y ambiciosas, Hollywood las suele pintar como solteronas amargadas. Claire demuestra que se puede tener todo, solo hay que elegir bien a tu partener.

–          El giro de tuerca sexual. Urqhart era un putero. Así sin más. No era capaz de mantener los pantalones puestos y eso, en ocasiones, le llevaba a complicar su vida más de lo necesario. Underwood parecía ir por el mismo camino en la primera temporada, si bien, tras una leve insinuación en la anterior, han dejado claro en esta segunda que Frank es mucho más capaz de controlar esa clase de impulsos de lo que creíamos. Su autocontrol pasa por un poco de remo, unas carreras y una ducha fría. Hasta ahí puedo leer.

–         Cambiar al enemigo directo de Underwood en la segunda temporada. La versión inglesa “To play the king” tenía un duro oponente en su segunda, pero el “equivalente americano” era claramente inferior al congresista. Por ello se desvió la confrontación al personaje de Raymond Tusk, mucho más interesante y claramente mucho más al nivel de Frank. No podemos negar que la batalla estuvo muy igualada.

lady urqhart

Lady Urqhart la perfecta Lady McBeth, gana las batallas con susurros, nunca confrontando en persona, dejando que otros hagan el trabajo sucio.

 ERORRES

–          La ausencia de la flema ensombrece el tono de la serie. Los ingleses se ríen extraordinariamente bien de sí mismos. Los americanos son mucho más graves y se toman muy en serio. Aún con ello la ironía sigue presente en Underwood, al menos cuando se dirige al espectador, si bien sus intercambios con el público no son igual de agudos o irónicos que los de su colega inglés.

 –          Los personajes son fisicamente deamasiado atractivos. Solo basta ver a los arrebatadores protagonistas y compararlos con los british (viejos, fofos y feos) para ver que en USA hasta los políticos necesitan una sonrisa Profident. Hace más plausible los escarceos amatorios de Francis Underwood que tiene unos 15 años menos (o eso aparenta) que Urqhart, siendo aún más extrema la diferencia entre sus esposas.

 –          Los secundarios no llegan al nivel. La excesiva interpretación de Corey Stoll que no le pilla el punto al congresista Peter Russo contra la sutileza de Miles Anderson y su decadente  Roger O´Neill puede ser la comparación más odiosa. También es muy superior Sussanah Harker  a Kate Mara, como niña bonita del Whip. Su forma de hablarle resuena de forma incómoda a lo largo de toda la serie “Daddy, daddy…”.

Pero también hay un caso en que gana la americana;  el del chief of staff, Doug Stamper, que si bien en la serie original (Tim Stamper) es simplemente un personaje retorcido y mezquino, con la interpretación de Michael Kelly se torna complejo y delicioso, lleno de matices y batallas interiores; uno de los grandes aciertos de la segunda temporada fue concederle mayor protagonismo. Soberbio.

MichaelKelly

Doug Stamper, el perro fiel, el perro herido.

–          El notorio recelo de los secundarios con el protagonista hace más difícil creer la premisa. Los personajes enseguida desconfían de Underwood, la prensa se ceba, y es más difícil creer en sus logros si todo el mundo le tiene tan cogida la medida.  La gracia de Urqhart era que su encanto enmascaraba sus acciones y  para cuando se daban cuenta de su juego, ya eran cadáveres políticos. Con Underwood, al confiar en él siendo, como varios dicen, un tipo despreciable, los secundarios demuestran una candidez extrema ( Peter Russo, Jackie, el presidente…) que no existiría en un político real. Estos son demasiado buenos sobreviviendo y en ese mundillo el buen depredador es el que mata en silencio, y suavemente.

–           El excesivo sentimentalismo y moralina yankie. La historia inglesa como digo es una fábula moral, con su trama y su moraleja final, pero en el caso americano las collejas caen en cada episodio. Ya sea Frank o Claire, ambos sufren crisis y epifanías en cada episodio. Es posible que esto sea necesario para adaptarlo al sentir americano, pero hace que se deshinche la premisa. Los Underwood son dos despreciables manipuladores sin cortapisas morales, y me cuesta comprender comportamientos sentimentaloides que han tenido, sobre todo en la segunda temporada. Los norteamericanos son tan santurrones que hasta sus más despreciables elementos tienen alma. Increíble.

 Sin duda  sigo recomendando la inglesa, pero ambas pueden verse de forma independiente, sobre todo a partir de la segunda temporada, donde la separación en las historias es mucho mayor, lo cual, desde el punto de vista de espectadora, agradezco. Todo ha mejorado bastante respecto de la anterior temporada, en especial la interpretación de Robin Wright y las tramas secundarias, que han enriquecido la historia y han dado más profundidad a muchos personajes (Doug Stamper,, Mitchun, Rachel…). Mi mayor pero es la poca fuerza del presidente que como comenté se ve compensada por el personaje de Raymond Tusk. El estupendo ritmo de la serie, su cuidada producción, y la posibilidad de poderlo ver todo seguido, hacen que sea una serie que disfruto, aunque en menor medida que la británica.

La decisión de cual es mejor la dejo a vuestra elección, que a todos los que defendemos la versión inglesa nos llaman pedantes y reyes del postureo. Vosotros muy bien podriáis pensar eso, yo no podría comentarlo.  

Nos vemos en tu serie o en la mía.

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