Archive | febrero, 2014

House of cards inglesa (BBC) contra House of cards americana (Netflix) batalla tras la 2ª temporada (sin spoilers)

24 Feb

La pasada semana, a mi ritmo, terminé la segunda temporada de House of cards. Aunque la disfruto no soy una de sus grandes defensoras, más que nada porque soy una fanática de la versión original.

Podéis llamarme pedante, pero la adaptación del libro de Michael Dobbs que se marcó en la BBC Andrew Davies, el gran Andrew Davies, en 1990 es insustituible. Ni por Kevin Spacey, ni por el lucero del alba.

House of cards es una fábula moral sobre un  hombre maquiavélico y vengativo que demuestra que parar medrar en política lo único necesario es conocer los anhelos del que está en el lado opuesto de la mesa. Tras una dura humillación Francis Urqhart el Whip (jefe de disciplina) de los Tories en el parlamento inglés, inicia una campaña para subir de escalafón en la política británica, utilizando los cadáveres de sus enemigos como escaleras hacia el Olimpo gubernamental. Y a la prensa como pasamanos. Y su mujer aplaude mientras lo hace. Delirante.

Elegante, aunque algo avenjentada con el paso de estos 20 años, sutil y extrema, la historia no tiene pretensiones de credibilidad. Es un cuento, una fábula, con sus buenos, sus malos y sus peores. Como en todo relato fantástico no existen límites, y todo está permitido, solo que en esta epopeya épica han decidido situar la trama en el mundo real. Pero no por ello deja de ser delirante y despiadada y, para que negarlo, deliciosamente satisfactoria.

 Durante un puñado de episodios (menos en total  que la primera temporada de su hermana Yankie) las tres temporadas de la House of Cards de Davies, con el espectacular Ian Richardson a la cabeza, rezuman ironía, maldad y autosatisfacción por los cuatro costados.

Urqhart siempre nos mira a los ojos, sin nada que ocultar. Underwood es más esquivo.

Durante esas pocas horas, al espectador se nos permite, no solo ser malvados sin pagar las consecuencias, sino también, a través de uno de los mejores escorzos televisivos que haya visto, ser cómplices directos de las tropelías del protagonista. Sin duda este recurso narrativo es lo mejor de la serie. La trangresión de la norma fundamental de la ficción: la separación  entre espectador e historia.

Aquí el protagonista se vuelve y mira a los ojos al espectador, y le habla a él , directamente, sin intermediarios ni voz en off. Francis Urqhart trasciende la pantalla y tiende una mano al público, para convertirlo en algo más que un convidado de piedra. Como decía antes el espectador es gustoso secuaz del político, superando la empatía para convertirse en parte de la historia y su discurso. Magistral.

Esta técnica del escorzo se rescata en la versión americana, que si bien recoge la esencia de la serie británica, realiza los suficientes cambios como para lograr una entidad propia. Dichos ajustes, si bien le confieren una cierta independencia de la serie, y el libro, original no se realizan en todos los casos con el mismo acierto. Veamos los aciertos y errores de esta adaptación:

Sí, soy una perra del infierno y siempre consigo lo que quiero.

ACIERTOS

–          La adaptación al sistema político americano es sobresaliente. La relevancia de ser políticamente correcto es muchísimo más acusado en Underwood que en Urqhart, signo de las diferencias entre ambos países.

–          Un mayor peso de la esposa del protagonista en la historia. La señora Urquhart tardó mucho en dar juego y siempre me pregunté cómo hubiese sido la serie si hubiésemos visto más de ella. En el caso de Claire Underwood (Robin Wright) su historia ha ido de menos a más. Si en la primera temporada era rígida y calculadora en la segunda aumentó su sentimentalismo a la par que se volvía más perra. Me encanta. Por norma a  las mujeres pragmáticas y ambiciosas, Hollywood las suele pintar como solteronas amargadas. Claire demuestra que se puede tener todo, solo hay que elegir bien a tu partener.

–          El giro de tuerca sexual. Urqhart era un putero. Así sin más. No era capaz de mantener los pantalones puestos y eso, en ocasiones, le llevaba a complicar su vida más de lo necesario. Underwood parecía ir por el mismo camino en la primera temporada, si bien, tras una leve insinuación en la anterior, han dejado claro en esta segunda que Frank es mucho más capaz de controlar esa clase de impulsos de lo que creíamos. Su autocontrol pasa por un poco de remo, unas carreras y una ducha fría. Hasta ahí puedo leer.

–         Cambiar al enemigo directo de Underwood en la segunda temporada. La versión inglesa “To play the king” tenía un duro oponente en su segunda, pero el “equivalente americano” era claramente inferior al congresista. Por ello se desvió la confrontación al personaje de Raymond Tusk, mucho más interesante y claramente mucho más al nivel de Frank. No podemos negar que la batalla estuvo muy igualada.

lady urqhart

Lady Urqhart la perfecta Lady McBeth, gana las batallas con susurros, nunca confrontando en persona, dejando que otros hagan el trabajo sucio.

 ERORRES

–          La ausencia de la flema ensombrece el tono de la serie. Los ingleses se ríen extraordinariamente bien de sí mismos. Los americanos son mucho más graves y se toman muy en serio. Aún con ello la ironía sigue presente en Underwood, al menos cuando se dirige al espectador, si bien sus intercambios con el público no son igual de agudos o irónicos que los de su colega inglés.

 –          Los personajes son fisicamente deamasiado atractivos. Solo basta ver a los arrebatadores protagonistas y compararlos con los british (viejos, fofos y feos) para ver que en USA hasta los políticos necesitan una sonrisa Profident. Hace más plausible los escarceos amatorios de Francis Underwood que tiene unos 15 años menos (o eso aparenta) que Urqhart, siendo aún más extrema la diferencia entre sus esposas.

 –          Los secundarios no llegan al nivel. La excesiva interpretación de Corey Stoll que no le pilla el punto al congresista Peter Russo contra la sutileza de Miles Anderson y su decadente  Roger O´Neill puede ser la comparación más odiosa. También es muy superior Sussanah Harker  a Kate Mara, como niña bonita del Whip. Su forma de hablarle resuena de forma incómoda a lo largo de toda la serie “Daddy, daddy…”.

Pero también hay un caso en que gana la americana;  el del chief of staff, Doug Stamper, que si bien en la serie original (Tim Stamper) es simplemente un personaje retorcido y mezquino, con la interpretación de Michael Kelly se torna complejo y delicioso, lleno de matices y batallas interiores; uno de los grandes aciertos de la segunda temporada fue concederle mayor protagonismo. Soberbio.

MichaelKelly

Doug Stamper, el perro fiel, el perro herido.

–          El notorio recelo de los secundarios con el protagonista hace más difícil creer la premisa. Los personajes enseguida desconfían de Underwood, la prensa se ceba, y es más difícil creer en sus logros si todo el mundo le tiene tan cogida la medida.  La gracia de Urqhart era que su encanto enmascaraba sus acciones y  para cuando se daban cuenta de su juego, ya eran cadáveres políticos. Con Underwood, al confiar en él siendo, como varios dicen, un tipo despreciable, los secundarios demuestran una candidez extrema ( Peter Russo, Jackie, el presidente…) que no existiría en un político real. Estos son demasiado buenos sobreviviendo y en ese mundillo el buen depredador es el que mata en silencio, y suavemente.

–           El excesivo sentimentalismo y moralina yankie. La historia inglesa como digo es una fábula moral, con su trama y su moraleja final, pero en el caso americano las collejas caen en cada episodio. Ya sea Frank o Claire, ambos sufren crisis y epifanías en cada episodio. Es posible que esto sea necesario para adaptarlo al sentir americano, pero hace que se deshinche la premisa. Los Underwood son dos despreciables manipuladores sin cortapisas morales, y me cuesta comprender comportamientos sentimentaloides que han tenido, sobre todo en la segunda temporada. Los norteamericanos son tan santurrones que hasta sus más despreciables elementos tienen alma. Increíble.

 Sin duda  sigo recomendando la inglesa, pero ambas pueden verse de forma independiente, sobre todo a partir de la segunda temporada, donde la separación en las historias es mucho mayor, lo cual, desde el punto de vista de espectadora, agradezco. Todo ha mejorado bastante respecto de la anterior temporada, en especial la interpretación de Robin Wright y las tramas secundarias, que han enriquecido la historia y han dado más profundidad a muchos personajes (Doug Stamper,, Mitchun, Rachel…). Mi mayor pero es la poca fuerza del presidente que como comenté se ve compensada por el personaje de Raymond Tusk. El estupendo ritmo de la serie, su cuidada producción, y la posibilidad de poderlo ver todo seguido, hacen que sea una serie que disfruto, aunque en menor medida que la británica.

La decisión de cual es mejor la dejo a vuestra elección, que a todos los que defendemos la versión inglesa nos llaman pedantes y reyes del postureo. Vosotros muy bien podriáis pensar eso, yo no podría comentarlo.  

Nos vemos en tu serie o en la mía.

Estreno de El Príncipe (Telecinco). ¿Merece la pena verla?

6 Feb

La pasada semana en uno de mis acostumbrados viajes suicidas a Madrid acudí al estreno de El Príncipe, la nueva e hiperpromocionada serie de Telecinco.

Seguro que la mitad de vosotros tenéis los ojos abiertos como platos porque ni en vuestros más atroces sueños imaginasteis que en este blog se hablaría de una serie española, pero en un ejercicio de autocontención y buena fe lo voy a hacer. La razón que motivó mi asistencia fue la presencia en el estreno del jefazo absoluto de Mediaset ,Paolo Vasile, y mi morbosa curiosidad por saber qué opinaba sobre el panorama televisivo actual. Me quedó muy claro que este hombre vendería hielo a un esquimal y a su madre por una buena audiencia, y eso, para un ejecutivo de televisión es todo un halago. Con la serie no podré ser tan generosa.

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De izquierda a Derecha Aitor Gabilondo y César Benítez (creadores) y Paolo Vasile “Il Capo de la tele”.

Lo primero que debo decir es que esta crítica no la realizo con mi habitual nivel de exigencia. Pedir a una serie española lo mismo que a una extranjera es como pretender que Paquirrín nos recite la tabla periódica. Un ejercicio de futilidad. Vamos, perder el tiempo.

Dejando a un lado la eterna queja sobre la extenuante duración (70 minutazos) asociada a cualquier serie española y lo que conlleva (falta de ritmo, tramas de relleno, intensidad irregular…) os daré pros y contras de esta serie, aunque el titular está claro: la serie, para ser española, es decente, pero no es para mí.

ACIERTOS

El tema me parece interesantísimo; un agente del CNI infiltrado en una comisaría de policía llena de agentes corruptos en el barrio más chungo de Ceuta. Con esta idea de partida compro la serie. Los peros vendrán después.

– La mezcla de temas sociales y de diferencias raciales en un entorno desconocido en la tele española. Nunca nos han hablado de Ceuta, y mucho menos de la compleja convivencia de las dos religiones de la ciudad autónoma. Me interesa la historia de mujeres musulmanas y españolas, y de cómo mantienen sus costumbres cuando están rodeadas de otras mujeres más libres que ellas.

CAP.1 PLAZA CAFETIN REDADA

La parte superior de la imagen muy lograda, pero el edificio amarillo parece de corchopan.

-Un mayor uso de escenas rodadas fuera de set. Los cromas son mejores de muchos de los que vi en series americanas con mayor presupuesto (sí hablo de Revenge, Ringer u Once upon a time por decir algunas) si bien está muy lejos de ser una serie de exteriores como proclamaba Vasile.

Más allá de los escenarios de cartón piedra de la plaza del barrio, hay escenas bastante logradas, si bien no mantienen la coherencia con las escenas de interior, la luz, el sonido, hasta el color difieren tanto que parecen dos series distintas.

Unas más que decentes escenas de acción. Me quitó el sombrero, consiguieron tenerme atrapada, hasta en el momento “Chuck Norris” que se marcó Alex González. Es un avance para España. En una serie inglesa o americana hubiese pasado sin pena ni gloria pero para España, que alguien diga “Písele la cabeza, jefe” es motivo de jolgorio.

CAP.1 FARUQ MOREY Y FRAN

Con tanta intensidad entre el bueno y el malo, hasta Coronado se pone a mirar para otro lado.

  ERRORES

-El casting: Mas allá de que Coronado está estupendo ( más allá de que el tipo es muy buen actor, en este caso aplica lo de “en el país de los tuertos…”) la elección y ejecución del resto de actores es bastante terrible.

Lo diré alto y claro, Alex González está más tieso que el palo de una escoba, y más allá de lucir palmito no me aporta  nada. Asumo que los guionistas tienen pensado un arco de personaje en el que se vaya soltando poco a poco, pero el protagonista debería conquistarnos en el piloto y no el secundario malvado (Coronado, no el cubano). Esto no es Breaking Bad, en España nunca vamos con el malo. Salvo que sea El Dioni, claro.

La protagonista femenina Hiba Abouk me gustó bastante más, al igual que su madre (que es la actriz Mercedes Montalá que dobla  a Julia Roberts en España) pero ver a dos ceutís con acento de Valladolid me hizo imposible creérmelas.

Ruben Cortada (el cubano), a la sazón el malo, sigue el patrón de su némesis González,  también muy guapo y también muy por debajo de lo esperado. No me creo que no tengamos actores con mucho más talento en este país que esta pareja. Chicos guapos con talento también hay y este chaval no es uno de ellos, por mucho que intente ocultar su tonillo sabrosón con otro anti climático acento neutro.

– La química entre la pareja protagonista es nula, y recurrir a trucos de guión para que ambos terminen accidentalmente abrazaditos dice poco de nuestra capacidad para crear una historia de amor. ¡Venga,  chicos de los guiones, en este país se escribió D. Juan Tenorio, podemos hacerlo mejor!

CAP.1 FATIMA Y MOREY

Es fundamental que estemos así de apechugados o nos verán los malos. Ejemplo claro de tensión sexual no resuelta

– Los arquetipos y clichés de todas las series españolas se repiten hasta la náusea. El guión presenta momentos extremadamente infantiles para ser una serie policiaca. Y no se mata en la creación de nexos entre los personajes. El deux ex machina aquí abunda hasta el empacho. 

Por supuesto la relación de los personajes fuera del ámbito laboral tiene lugar en el bar. Por supuesto las tías más profesionales (la fiscal, la poli) son unas bordes. Y por supuesto los secundarios están conformados por los siguientes individuos:

El gracioso que no tiene ni puñetera gracia (en este caso un musulmán que odia a los musulmanes).

La camarera perdedora con look “choni nivel Candela Peña” enamorada del tipo equivocado, por supuesto casado, por supuesto atormentado.

La esposa pirada y traumatizada (en este caso con razón, la elegante Elia Galera).

Las niñas odiosas (la hija de Coronado y la hermana de la prota, que a la sazón es la única adolescente de este país que no sabe silenciar un móvil).

Si el novio marroquí de la prota es un machista redomado lograrán el poker de clichés para cuadrar el cículo, pero ese, de momento, aún no abrió la boca.

-De la carne exhibida (ese IPhone atado a la minúscula toalla) y de la escena de sexo sin utilidad alguna en la trama de Ruben Cortada y señora mejor ni me quejo, porque todas las series hacen lo mismo, españolas o no. Los torsos venden y no seré yo quien tire la primera piedra. Pero si tiraría de esa toalla talla XS, aunque se cayese el móvil al suelo. Soy débil, lo sé.

CAP.1 FARUQ Y LEILA1

La carne por la carne.Pero…qué carne, eh!!

Para concluir solo me falta reiterar lo que digo siempre que hablo de series españolas; yo soy muy quisquillosa, y la mitad de mis quejas pasan desapercibidas para el gran público.

Y reconozco que los señores de Telecinco tuvieron un par de bemoles para presentarnos su creación. No éramos su público, y no sé si fueron muy temerarios o muy listos. Pero se la jugaron y podía haber sido peor. Podía haber sido Los Serrano. O la versión española de Cheers. Escalofríos solo de pensarlo.

Siendo honesta, reconozco también que la serie es muy superior a muchos de los productos de ficción que se producen en España, si bien no es una buena serie considerada de forma objetiva. Estamos a años luz de los productos que se crean en otros países, y debemos hacer algo de autocrítica. Esta serie podría haber sido mucho más y se quedó a medio camino. La duda es quién no está preparado para dar el salto cualitativo, si los espectadores o las cadenas españolas.

Reflexionad sobre ello, yo seguiré pensando en la toalla de Alex González. Y en cómo diantre se sujetaba el IPhone. Al final tendré que llamar a Iker Jimenez, que también curra en Mediaset, todo queda en casa.

Nos vemos en tu serie o en la mía

P.D. Felicidades al Birraseries, punto de encuentro de los bloggers de series en España ( y no gente que se une para beber cerveza como nos llamó el signore Vasile) que celebró su segundo aniversario en este ” marco incomparable” lástima que no me pude quedar a la tarta. La gente de provincias tenemos que volver pronto a casa.

P.D.2 Fotos cortesía de Mediaset

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