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Homeland 2×12: Analisis del final de la temporada 2

18 Dic

Como la mayoría de los enganchados a la series ayer vi la season finale de la segunda temporada de Homeland; con 20 minutos más de duración que un episodio al uso, la cosa prometía, y no, no defraudo para nada.

EL EPISODIO FINAL

El episodio considerado individualmente me pareció bastante bueno, claro está, si cierras los ojos y no miras la inverosimilitud de los hechos, porque ni el tato se cree la trama hiper-maquiavélica de Abu Nazir en un viaje suicida al corazón de Washington, tras haber previsto como un dato seguro el asesinato del Vicepresidente de los Estados Unidos  y la venganza desde ultratumba con forma de bomba que estalla durante el funeral de ambos; la idea per se es demasiado retorcida, al estilo Shyamalan, para mi paladar.

Yo esperaba algún giro bestial, pero más al final del episodio, por lo que el momento bomba, me pillo desprevenida y después lo único en que lograba pensar era  “quedan 20 minutos, ¿qué van a hacer en lo que queda? ya tienen el cliffhanger, cierra ya…¿cómo pueden quedar aún 20 minutos?” y claro, ahí empezó el delirio, con Saúl  pasando de imputado en una conspiración a jefe de la CIA, con Carrie dejando a Brody en la frontera con pasaporte falso y todo el kit “El fugitivo” que generaría la envidia del mismísimo Dr. Richard Kimball y con los Brody enterándose de que su padre es un talibán por televisión (ahí no entendí las lágrimas de Dana, ella ya lo sabía).

El episodio me pareció francamente impactante y sorpresivo, todo lo que esperas de un final de temporada. La única pregunta que me dejó fue:

si Saúl es ahora el jefe de la CIA y está en la zona cero de la bomba ¿quién da la orden de emitir en televisión el video-confesión de Brody que era ultra secreto?

CRÍTICA GLOBAL A LA TEMPORADA 2
Si hacemos balance de la segunda temporada, ésta me ha parecido desigual; cargada de vertiginosos giros dramáticos, que lograron despistarme en varias ocasiones sobre el camino que quería seguir la temporada, nos dió momentos soberbios, como el episodio inicial en el Líbano, la escena de la detención en el hotel, el inicio del amor de Dana y Finn en el monumento a Washington y sobre todo el interrogatorio a Brody, pero en contraste tuvo otros bastantes pobres y forzados, en especial porque no logra contagiar verosimilitud en las reacciones de los personajes a los sucesos que les sobrevienen.

La trama de Dana que se inicio de forma sugerente y logró captar mi interés, acabo convirtiéndose en un drama de terror adolescente digno de la CW, sigo sin entender la obsesión de la niña por ir a la carcel; tampoco entiendo porque Peter Quinn, que no ha resultado ser tan interesante como esperaba, salvo a Brody por ayudar a Carrie cuándo se hicieron tan amigos?, y lo que menos entiendo de todo son las reacciones de las dos mujeres de la serie.

Por un lado, los baldíos intentos de convertir en alguna clase de heroína tróspida a Jessica Brody, me general una mezcla de vergüenza ajena y ganas de reír (especialmente el día que sacó el mismo vestido que Queen V. de Revenge, ese día me carcajeé en el sofá)  Aún a día de hoy sigo preguntándome que quieren hacer con éste personaje, que me parece de largo el más endeble de la serie; mira que Morena Baccarin me gustaba en Firefly y el Mentalista, pero aquí, no soy capaz de discernir si es el personaje o ella, ni me la creo ni me la quiero creer.

Las tramas de la matriarca se basan en continuos e incomprensibles cambios de opinión  en relación a los sentimientos que profesa respecto a su marido, que en ningún caso reflejan una lucha interior del personaje sino el pretexto para montar una trama determinada en cada episodio. Me parece más verosímil el personaje de Chris Brody, al menos con él me queda claro que quieren convertirlo en un hijo traumatizado de tanto ignorarlo y echarlo de la habitación en la que se encuentre.

homeland-season-2

De igual forma, hay montones de decisiones de Carrie, Claire Danes que no acierto a comprender, pero con ella siempre se tiene la excusa de que está loca para justificar cualquiera de sus actos, por descabellados que parezcan. Pero en esta temporada el nivel de locura de Carrie es preocupante, desde lanzarse a la aventura en el Libano, como descubrir su tapadera con Brody, declararle su amor en el interrogatorio o ponerse sola a perseguir a Abu Nazir, todos son intentos de un ser egocentrico, obsesivo y desequilibrado de hacer lo que le de la gana, que por el momento es ayudar al país, esperemos que no cambie de opinión y quiera matar gente. Hay momentos en que me recuerda a Jack Bauer de 24 otro “flipao” patriota que sin importar cuanto le torturen, sigue ayudando a eliminar a los enemigos de su país; me pregunto si este tipo de americanos realmente existirá o solo salen en las pelis. En España les hubiesemos mandamo a freir monas al primer pelo de la cabeza  que hubiesen osado tocarnos.

Debo dar una de cal y una de arena al ritmo y argumento de la segunda temporada; la parte buena fue la valentía con que se salieron del tiesto, del camino facil, podían haberse tirado media temporada espiando a Brody y no lo hicieron, se la jugaron al más dificil todavía, y eso les honra, pero de la buena viene la mala, y tuvieron que sacarse una trama tan espectacular para volver a meter a Brody en la sospecha, ahora que parecía bueno, buenísimo, que perdieron la presunción de credibilidad que habían logrado en la primera temporada.

Pasarnos una tercera temporada dudando de si Brody puso o no la bomba es un ejercicio al que no estoy dispuesta; como situación inicial de la serie, me gustó, pero ahora deberían haber buscado otro camino que llevarnos por tercera vez a la casilla 1 del episodio piloto.

Repito, me niego a tomar partido en la discusión sobre si Brody es bueno o malo, eso si, lo que si me pareció una sobrada manifiesta fue que el marine le soltase a bocajarro a su hija adolescente que había estado a punto de cometer un acto terrorista en nombre de la Yihad islámica. Casi preferiría ser Chris Brody y que me echen a patadas de todas partes, que enterarme de algo así.

Vuelvo a repetir mis palabras del final de la temporada pasada, “no veo futuro en la próxima temporada, creo que lo que van a intentar hacer, si continuan por el camino que ha dejado apuntado, es fastidiar la serie.”

En esta temporada me han callado la boca, consiguiendo una trama atractiva, y  espero que vuelvan a sorprenderme para bien, aunque no se si podré seguir creyéndome acciones y reacciones surrealistas de personajes inverosímiles durante mucho más tiempo, si siguen forzando por ahí, para que la trama tenga sentido, es posible que pierdan algo más importante que un par de Emmys.
Nos vemos en tu serie o en la mía.

The Good Wife: luces (sin espoilers)

17 Nov

Soy una gran fan de The good Wife; desde el mismo momento en que la Margulies se calzó la peluca lisa de mujer responsable, yo estuve a su lado.
Como toda jurista que se precie, tengo la sana costumbre de odiar las series de abogados o con cualquier tipo de trasfondo legal. Soy capaz de tragarme las más absurdas fantasías perpetradas por médicos o periodistas, pero cuando tengo que escuchar las barbaridades que se dicen en una serie sobre algo que realmente entiendo, no suelo tolerarlo.
Debo remarcar el especial mérito que tiene que esto no me haya ocurrido aún con la serie de la CBS, que, a día de hoy consigue entretenerme incluso en su parte procedimental, muy bien documentada y con un impecable gusto en lo que a elegir temáticas jurídicas transgresoras se refiere.
Pero si me mantengo fiel a The good Wife no es por sus exquisitos juicios, los rápidos diálogos entre letrados contendientes, ni por el uso de algunos de los casos jurisprudenciales más interesantes y vanguardistas del sistema legal americano, mi devoción por la serie se asienta en el tratamiento de los personajes.
Normalmente una serie suele tener entre cinco y diez personajes entre protagonistas y secundarios para garantizar el mínimo de tres tramas por episodio; por lo general tienes un par de personajes multidimensionales (desarrollados por los guionistas con toda clase de detalles, vicios, virtudes, familia, conexiones…) mientras que el resto van siendo cada vez más planos conforme se alejan de la trama principal.
Esto no ocurre en The Good Wife, donde tenemos más de dos docenas de personajes perfectamente trazados, ya sean un secundario directamente relacionado con la trama madre o un episódico que encarne a un concreto juez, abogado, cliente o contrincante en corte judicial.
Este barroquismo guionístico genera una doble ventaja. Por un lado muchos actores conocidos quieren dar vida a alguno de los caramelos dramáticos que se ofrecen cada semana. No hay papel pequeño, no hay papel desagradecido, todo actor es consciente que recibirá un intrincado personaje que le obligará a dar el 200 % de su capacidad para bordarlo. Y normalmente lo hacen, porque saben que son carne de Emmy.


La segunda consecuencia positiva es el amor-odio que estos personajes generan en la audiencia. Abogados que abusan de la discriminación positiva como Michael J. Fox o Martha Plimpton, jueces pacifistas, egocéntricos o tan viejos que apenas siguen el caso, clientes deslenguados o abogados rivales taimados y poderosos, todos presentan cualidades que les hace únicos e irrepetibles, y que generan familiaridad y empatía en el espectador.
Así cada temporada, esperamos ansiosos ver a nuestro personaje episódico favorito, generando con los “peeks” del siguiente episodio la emoción del espectador, que reconoce a su favorito y generando con ello un cliffhanger externo a la propia trama.
De igual forma ocurre con los secundarios, que toman incluso más protagonismo en ocasiones que la propia Alicia, desde los socios del bufete Diane y Will a los compañeros de batallas, Kalinda, Cary o Eli, y la insoportable familia con Peter Florrick a la cabeza y Jackie en la sombra.


Me reconozco una gran fan de Alicia; siempre he odiado que los personajes femeninos tengan que ser moralmente superiores o sentimentalmente frágiles. Es maravilloso ver por fin una mujer que tiene los bemoles de columpiarse en la delgada línea que delimita lo legal de lo delictivo, con la misma frialdad que un hombre. Alicia se siente cómoda en esa zona borrosa situada entre lo moralmente reprobable y lo correcto; ella no monta pollos, ella es fría y piensa las consecuencias de sus actos, no es impulsiva y emocional, es analítica y practica. Y no por ello es mala o retorcida, es un ser humano con sus contradicciones y pesares, con un fuerte sentido de la justicia, pero comprende aquello que decía Maquiavelo de que a veces cualquier medio es lícito para llegar a un fin. Y un personaje como éste, señores, es algo difícil de ver en una televisión que todavía se asienta en muchas ocasiones en clichés de género, por lo que hay que agradecer a los hermanos, ahora hermano a secas, Scott, y a Robert y Michelle King por regalarnos a la señora Florrick.


Como me parece de rigor os contaré que mi personaje favorito es Cary Agos, por su enorme evolución como personaje. Paralelo a su crecimiento como persona, el abogado va progresivamente mutando del típico chiquillo que sale de la facultad de derecho con instintos de tiburón y ansia de sangre al hombre sereno y equilibrado con un sentido de la moral abrumador. Al contrario de lo que parecería normal, conforme a más palos recibe, más humano se vuelve, y los desatinos de su vida le hacen  comprender que en ocasiones hay que dar un empujón para que lo justo gane sin importar en que lado del tribunal te encuentres, y que el dinero y el poder no es lo único importante. Su cambio ha sido gradual, sutil pero poderoso y si revisionásemos los primeros episodios no le conocería ni la madre que lo parió (Alfonso Guerra dixit).
Quizás existan personajes más brillantes en escena, como Kalinda o Eli Gold, pero ninguno ha crecido como Cary, que es un hijo de esta serie y nosotros hemos estado ahí para verlo crecer y acunarlo.
Estas son algunas de las luces de The good Wife, pero no todo es bueno, en mi próximo post explicaré las sombras, aunque en ellas si habrá spoilers, así que si no viste la serie…¿a que esperas?
Nos vemos en tu serie o en la mía

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